La reimposición de las retenciones a las exportaciones tiene implicancias negativas de mayor magnitud que el sólo efecto redistributivo del ingreso. No llama la atención la inocencia de la dirigencia sectorial, porque ni siquiera se muestran convincentes para demostrar el perjuicio.
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Es erróneo el análisis que indica que 5% y 10% de retención no tendrá impacto en las exportaciones. Veremos en la próxima campaña no solamente una caída del área sembrada, sino una reducción mayor de la producción por contracción de la incorporación tecnológica y se impedirá la reactivación de los pueblos del interior --privilegiando nuevamente los subsidios a las grandes ciudades-donde se concentra el aparato del Estado.
Es erróneo el análisis cortoplacista que indica que el sector agropecuario se benefició con la devaluación. Esto es sólo ilusión monetaria que se diluye en pocos meses con la elevada inflación que se está reflejando.
La producción no recibe 100% de la devaluación. Por brecha entre tipo de cambio comprador Banco Nación y mercado libre vendedor para la compra e insumos, mayor diferencial de precio FOB al FAS por la incertidumbre que afecta al exportador, pago diferido 120 días de 10% de la venta más IVA en pesos y sin interés, si se le suma ahora las retenciones, el productor tiene un cambio de $ 1,53 por dólar cuando para sus insumos en su mayoría importados debe pagar un tipo de cambio de $ 2,10 por dólar.
No todas las deudas del productor están pesificadas. Solamente créditos hipotecarios y de capital de trabajo. La mayor fuente de financiamiento del sector agrícola son las prefinanciaciones de exportaciones que permanecen dolarizadas y los canjes insumo/producto que también permanecen en dólares. En consecuencia, la producción agrícola ha visto empeorar su relación insumo/ producto para agroquímicos, semillas, fertilizantes y maquinaria en torno a 37% desde diciembre a esta fecha.
Limitación
El perjuicio del sector ganadero de carne y tambero ha sido mayor porque el precio de la producción no siguió la devaluación, y las retenciones limitarán el crecimiento de las exportaciones, único camino que posibilitaría su recuperación.
Tampoco se ha tenido en cuenta que los precios de productos agropecuarios están en niveles muy bajos históricos, salvo excepciones como el girasol.
Los principales competidores del sector alimenticio argentino impulsan políticas diametralmente opuestas. El Congreso de los EE.UU. aprobó un aumento de los precios mínimos garantizados de 20% para trigo y maíz que impulsaría un fuerte aumento de la siembra y la producción. Brasil impulsa su producción de trigo con un aumento de 30% en el precio sostén del cereal y con la introducción del nuevo estándar comercial del trigo que afectará en 10% al valor de las exportaciones argentinas a partir de 2003.
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