15 de julio 2019 - 00:01

Chiste de quincho

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Vamos con un chiste rural.

Sábado a la tarde. Un hombre de campo se traslada a la ciudad más cercana para ver una película en el único cine que hay allí. El hombre, que lleva un gallo sobre su hombro, va a la boletería a sacar su entrada.

- Señor, no puedo dejarlo entrar a la sala con animales -dice el boletero, sorprendido.

- Pero es que estoy lejos de casa, amigo, ¿dónde voy a dejar mi gallo?

- Lo siento, señor, no puede entrar- insiste el boletero.

El hombre se va, da vuelta a la cuadra, esconde el gallo entre sus pantalones, regresa al cine y el boletero le vende entonces la entrada. Él entra, se sienta y se dispone a ver la película. Cuando empieza, siente que el gallo se retuerce en su interior, y con disimulo se abre la bragueta para que el gallo saque la cabeza y pueda respirar. Al lado del hombre hay dos señoras maduras, Alicia y Clara. Es entonces cuando una de ellas le habla al oído a la otra:

- Clarita -le dice-. Me parece que estoy sentada al lado de un perverso.

- Pero... ¿por qué?- le pregunta su amiga, siempre en voz baja.

- Porque se abrió la bragueta y sacó su coso...

- ¡Ay, Alicia! No le des importancia. ¡La cantidad de esos cosos que habremos visto a nuestra edad!

- Sí, Clarita, pero éste es el primero que me picotea el pochoclo.

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