El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Con los resultados de la fecha a la vista, Miguel Brindisi debe estar pensando si hizo bien o hizo mal en reservar a la mayoría de sus titulares para el superclásico ante River, porque si bien estuvieron en la cancha Abbondanzieri y Palermo, faltó el resto de los referentes, algunos -como Schiavi y Cascini- suspendidos por llegar «sugestivamente» al límite de tarjetas amarillas el partido anterior y otros -como Cagna, Traverso, Guglielminpietro, Barros Schelotto y Tevez- porque estaban «golpeados», muy cansados o volviendo de sus vacaciones. Lo cierto es que Boca fue muy superior, pero le faltó contundencia para resolver un partido en el que tuvo más de una decena de situaciones claras de gol. Instituto denunció de entrada sus intenciones de llevarse un empate, y Luis Garisto armó un esquema con dos líneas de cuatro más preocupadas en defender que en atacar, delante de ellas Raymonda como organizador y «Miliki» Jiménez como único delantero metido entre los zagueros de Boca. Este esquema se agudizó con la expulsión de Jiménez, porque Instituto no modificó su andamiaje defensivo, sino que renunció totalmente al ataque.
Boca, de esa manera, contó con la pelota y el espacio para moverse, pero tuvo muy pocas ideas para atacar y terminó buscando la cabeza de Palermo como único recurso. Tanto que al final Instituto se animó y por poco de contraataque le gana el partido.
Dejá tu comentario