En este mundial del deporte más popular, el fútbol, habrá un ganador feliz, el triunfador del 9 de julio próximo en la final del torneo en Berlín y 31 países decepcionados porque ni siquiera salir segundo se valoriza. Luego vendrán los análisis -duros en un país exitista como el nuestro si se da perder-, un período de duelo, otro de distracción y de nuevo a pensar en el próximo torneo que empieza mucho antes con las eliminatorias. Nunca hay consuelo total. Algunos países -como Uruguay- vivirían la gloria si hubieran llegado entre los 32 a Alemania tras varios mundiales de frustración. Otros una vez allí se entristecen por no poder seguir avanzando.
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Los argentinos somos especiales. Con 20% de la población de Brasil generamos jugadores mundiales de altísima calidad casi a la par de los vecinos del Norte y compartimos los mejores de todos los tiempos en este deporte. El fútbol es pasión nacional en muchos países que suelen tener otros elementos de comunión nacional mayoritaria. Pero aquí desde el final de Perón sólo nos unifica el fútbol cada 4 años. Nos flagelamos mucho ante un traspié que puede darse hoy con uno de los favoritos, el seleccionado alemán jugando nada menos que de local en Berlín. José Pekerman, el entrenador argentino, pasará a ser un genio de la estrategia si gana a los alemanes asentándose en jugadores habilidosos pero en general lentos, típicos del fútbol rioplatense. En definitiva, en el mundial de Japón-Corea, hace 4 años, el antecesor Marcelo Bielsa quiso jugar «a la europea» y no pasó de la primera ronda. Pero si pierde hoy Argentina habrá mucha crítica porque formulando declaraciones y en entusiasmo Pekerman es Fernando de la Rúa, como se ha dicho. Tiene obsesiones no compartidas por las tribunas. Haber usado todos los jugadores menos los dos arqueros extras da sensación de dubitativo. Si hoy hay derrota le reprocharán a Saviola, a Scaloni, a Riquelme, a Lucho González, a aprisionar atrás a Mascherano desluciéndolo y mucho más. A esta altura, con los equipos clasificados para cuartos, casi todos tienen una formación mayoritariamente estable. Argentina no y quizá sólo Italia tampoco. Incentivarán las críticas las empresas que han puesto millones de dólares en figuras como Messi y Tevez, que apenas las exhibe el entrenador en la cancha. Si, en cambio, se gana un partido tan decisivo frente a un rival tan poderoso y en su casa, no hace falta referir nada, toda la algarabía se descuenta. Y también se descontará que nos consideremosya campeones mundialestras una final que le ganaremos a Brasil, en la imaginación popular.
Si sobreviene la fatalidad hoy en el resultado final -y si no sobreviene también- debemos imaginarnos un apetecible futuro para el fútbol argentino. ¿Por qué? Porque Argentina tiene hoy la camada de jugadores jóvenes brillantes más importante de cualquier país. Pensemos que Diego Maradona llega al zenit en el campeonato mundial ganado en México a los 26 años, edad ideal para el deportista profesional que hoy tiene, por ejemplo, Ronaldinho. En el Mundial de 2010 el seleccionado tendrá a Mascherano con 26 años, Messi con 23, Tevez con 26, Saviola y Palacio con 28, Agüero -ex Independiente- con 22, Gago con 24, aunque haya algunos veteranos como Ayala o Crespo que quizá ya no estén. Tampoco habrá Ronaldo, Cafú y otros en Brasil.
Pero para el hincha de fútbol, mejor ganar hoy. El 2010 está muy lejano. Ojalá.
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