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14 de octubre 2004 - 00:00

Argentina jugó mal y Chile no fue mejor

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Sorín y Meléndez van en busca de la pelota. Argentina no pudo repetir en Chile lo realizado el pasado sábado en Buenos Aires. Esta vez, se mostró como un equipo de escasa vocación ofensiva, de pocas ideas en el armado del juego. Con el empate, lo único que logró fue mantener lo que señalan las estadísticas: nunca perdió en el país trasandino.

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Chile hizo un planteo inteligente. Una línea de cuatro defensores reforzada por tres mediocampistas, más preocupados en defender que en atacar. Un enlace y dos delanteros. Con este esquema, fueron más las veces que contraatacó con largos pelotazos que las que atacó en forma de equipo.

La Selección argentina no tuvo precisión. Tal vez, ésa fue su principal falencia. Intentó en los primeros minutos tocar la pelota en velocidad, como lo hizo frente a Uruguay, pero el circuito era interrumpido siempre por un pase impreciso. Luego, buscó progresar por los costados con Zanetti por derecha y con Sorín y Heinze por izquierda, pero no lo consiguió, se reiteró en «ollazos» y dejó espacios para el contraataque chileno.

Riquelme se entregó mansamente a la marca de Rodrigo Meléndez, y Luis González desapareció de escena, siempre escondido detrás de sus marcadores. Esta vez, la selección de Pekerman no tuvo lo que le sobró en Buenos Aires: generación de fútbol, y por lo tanto, Saviola y Figueroa debieron luchar en orfandad con pelotas que le llegaban siempre divididas o a sus espaldas y terminaron perdiendo contra una defensa que agrupaba mucha gente.

Una imagen: en todo el partido, hubo solamente cinco jugadas de gol: tres para Chile y dos para Argentina. La más clara la tuvo Valdivia al aprovechar un mal rechazo de Heinze y la desperdició ante el oportuno «achique» de Abbondanzieri. Las otras fueron un tiro libre de Salas, que tapó el arquero argentino y un remate desviado de Navia por los chilenos y para Argentina un centro de Sorín que Rojas desvió contra su valla, y la pelota salió muy cerca del poste derecho; y un cabezazo de Saviola, corrigiendo un centro de Sorín que encontró bien parado a Tapia. Después, forcejeos y muchas intenciones frustradas, más por desaciertos de los atacantes que por virtudes de los defensores. Argentina desnudó errores defensivos, los mismos del segundo tiempo ante Uruguay, pues ya se vio que Samuel está lento para cerrar como último hombre y obliga a Heinze a cruzar toda la cancha para corregir algún error. Muchas veces, queda a contrapierna. El más seguro volvió a ser Coloccini, sobrio en la marca y con claridad para salir jugando.

El planteo que queda después de este partido es: ¿cuál es el verdadero nivel de la Selección? ¿El excelso de los primeros 45 minutos ante Uruguay o el menos que discreto de los 90 ante Chile? La respuesta habrá que buscarla en un tercer partido, porque Pekerman, sin mucho tiempo para trabajar, debutó con el partido perfecto e ilusionó con un fútbol lujoso y efectivo. Algo que seguramente intentará conseguir cuando pueda trabajar más tiempo con los jugadores y corregir los errores de funcionamiento en defensa y en mediocampo. La intención de jugar todas las pelotas fue la misma, pero el rival y la precisión en los pases fueron diferentes. Por eso, esta vez, decepcionó y ahora tiene que esperar hasta noviembre para salir de dudas y darles respuesta a los incrédulos o avivar más esas dudas.






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