11 de marzo 2008 - 00:00

Avatares futbolísticos

¿Quién ganó y quién perdió en el acuerdo entre Mauricio Macri y Pedro Pompilio para formar la nueva lista del oficialismo para los comicios en Boca? Pompilio mantuvo la presidencia y pudo defender a su vicepresidente primero, Jorge Amor Ameal, un hombre fundamental, porque durante cuatro años manejó la comisión de interior y consiguió hacer 10 mil socios nuevos con las peñas de todo el país, pero perdió a su mano derecha Luis Buzios, quien retrocedió tres casilleros pasando de vicepresidente tercero a vocal y presidente de la Subcomisión de Prensa y Difusión, cargo que ocupaba en la primera comisión de Macri, ya que después fue secretario general del club. Por el otro lado (el del jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires), el que perdió poder fue Carlos Ben, quien de secretario general pasó al cargo de secretario de Actas. En el río revuelto subió Juan Carlos Crespi, el líder del gremio de los petroleros, a vicepresidente tercero y miembro del Comité Ejecutivo de AFA, lo que puso muy contento a Julio Grondona, porque el hombre, conocido por sus íntimos como «Caroso», tiene gran llegada a Alfio Basile y va a ser el nuevo secretario de Selecciones Nacionales, reemplazando a Julio Alegre que renunció en Estudiantes. Crespi había sido «bajado» por Macri en la lista pasada de vicepresidente tercero a vocal y lo mandaban a la AFA « extraoficialmente», porque al no ser presidente o vice, no podía ser miembro del Comité Ejecutivo.

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Según las cuentas hechas por gente vinculada a la política de Boca, la lista tendrá 18 hombres de Pompilio y sólo cinco de Macri, quien se aseguró la vicepresidencia segunda con José Beraldi (que será el encargado del fútbol profesional), la tesorería con Daniel Angelici, hombre vinculado al negocio de los bingos en la provincia de Buenos Aires y la secretaría con Oscar Vicente, ex CEO de Pérez Companc. En este último caso, también se alegró Grondona, quien conoce a Vicente y le recomendó a Pompilio: «Aceptalo sin problemas, que es una persona inteligente y acostumbrada a manejar empresas; te va a ayudar mucho». Lo cierto es que Macri apuró el arreglo porque vio que se estaba distrayendo con la política de Boca y dejaba un flanco importante para las críticas en el Gobierno de la Ciudad, más allá de no ser ético tener ambos cargos, ya que si, por ejemplo, el estadio de Boca debía ser clausurado, era muy incómodo para cualquier inspector proceder a la clausura contra su propio jefe de Gobierno. 

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Hablando de cargos inconvenientes, aunque no prohibidos por ninguna ley, en diciembre pasado asumió como gerente del Instituto de la Vivienda de la Ciudad de Buenos Aires el árbitro Gabriel Brazenas.

Reaparecido en esta temporada, después de dos años de licencia por una lesión en la columna vertebral que casi lo retira del referato, Brazenas trabajó de 1989 a 2000 primero en el Tribunal de Cuentas y después en la Auditoría General de la Nación, donde se acogió al retiro voluntario. El árbitro afiliado al macrismo explicó que si le toca dirigir Boca va a poner todo su profesionalismo y olvidarse de quién es su jefe político, pero dejó la puerta abierta: «Si la AFA considera mi puesto un inconveniente, está en su derecho para no designarme a partidos de Boca y yo tengo que aceptar su decisión, pero si no puedo dirigir a Boca, tampoco puedo dirigir a River». Recordemos que Brazenas fue el árbitro de River-San Martín de San Juan que suspendió faltando 9 minutos y será quien dirija la reanudación el 19 de abril. Gana River 3 a 2; si empatan los sanjuaninos, alguno se acordará dónde y para quién trabaja Brazenas.

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