La Catedral del tenis impone respeto y pasa por encima a cualquier jugador. Para ser campeón en Wimbledon hay que saber lidiar con la historia que hay dentro de ella. La francesa Marion Bartoli contuvo todos sus nervios y tiene su primer título de Grand Slam entre sus manos.
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Fue 6-1 y 6-4 en una hora y 21 minutos ante una quebrada Sabine Lisicki, inexperta en este tipo de definiciones. La número 15 del mundo había jugado ya la final aquí en 2007 y sabía cómo manejar la presión.
Lisicki, alemana que había dado el enorme batacazo en la semana eliminando a Serena Williams, líder del ranking WTA, estuvo paralizada desde el primer punto del partido. De hecho, desde la mitad del segundo set no paró de llorar, sabiendo que se le escapaba la final de las manos.
Había arrancado con quiebre a favor de la número 24 del mundo, que a la postre iba a ser su único game del parcial. Inmediatamente Bartoli recuperó y ganó cinco juegos más en fila.
En el segundo set, Bartoli consiguió el quiebre de entrada y luego en el siguiente game de saque de Lisicki,para acomodarse 5-2 y sacar para una de las finales con resultado más abultado de la historia.
Pero la germana no se rindió y luego de su llanto, que ayudó a descomprimir la presión, quebró a la campeona y quedó 4-5, pero ya era muy tarde.
Bartoli cerró el título con un ace abierto y finalizó sin perder sets, algo que sólo Martina Navratilova, Chris Evert, Serena y Venus Williams y Lindsey Davenport habían logrado.
La francesa, una tenista con un físico poco ortodoxo y un estilo de juego marcado por sus golpes a dos manos, se corona así después de seis años de haber jugado su única final de Grand Slam, cuando curiosamente perdió por el mismo marcador que ahora le dio el título.
"Cuando empecé este torneo en la Cancha 14, si me decías que iba a ser campeona te decía que era imposible. He soñado con esto en los últimos seis años", comentó Bartoli.
Quizás ése sea el tiempo que deba esperar Lisicki para secar las lágrimas que este sábado tuvo durante y después del partido. Tiene talento, frescura, golpes criteriosos y un saque demoledor.
Ahora es tiempo de Bartoli, una campeona distinta que en su historia de vida está el haber tenido como máxima inspiradora a la serbia Monica Seles, luego de haberla visto en la final de Roland Garros 1992.
También tuvo algunos conflictos con su padre, su entrenador hasta el año pasado, que le trajo ciertos problemas en su vida profesional. Aunque ahora solo le queda disfrutar que finalmente tuvo revancha y reina en el césped de Wimbledon.
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