La Liga de Campeones de Europa quedó en manos de Bayern Munich, luego de superar desde los penales (5 a 4) a Valencia, tras igualar en un gol en los 120 minutos de juego reglamentarios (dos tiempos suplementarios de alargue). Los alemanes no lograban este título desde hace 25 años.
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Ambos equipos llegaban a la final con las mismas intenciones: olvidar el mal trago de ser los dos últimos subcampeones del torneo. Sólo uno podía hacerlo; y fue el Bayern, que debió apelar a su oficio. Primero, para revertir una desventaja que se produjo con el gol de Mendieta (de penal); tres minutos después para superar anímicamente otra circunstancia de juego, cuando Santiago Cañizares le contuvo otro remate desde los doce pasos al alemán Mehmet Scholl.
Con el resultado adverso, Bayern Munich se adelantó en el campo en busca del empate, pero Valencia respondió con su mejor virtud: el orden defensivo. La pelota la tenía el equipo alemán, aunque en los últimos metros siempre debía apelar a los remates desde fuera del área como principal recurso ofensivo.
A esa altura la estrategia de los españoles era clara. Había que cuidar el cero en su propio arco, motivo suficiente como para justificar la salida de Pablo Aimar por David Albelda, cuando apenas se habían jugado 45 minutos.
Sin embargo, como suele suceder, una jugada puede cambiar estrategias. Rápidamente Stefan Effenberg igualaba el partido (también de penal), Valencia tenía otras necesidades y se había quedado sin Aimar, uno de sus mejores recursos en ataque.
Llegó la prórroga y nada cambió. Los penales debían proclamar al campeón. El Bayern acertó un penal más y se llevó el título para desesperación de un Valencia que veía cómo se le escapaba el título más importante de Europa por segundo año consecutivo.
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