El remate de Calvo que no llevará consecuencias al arco paraguayo. Boca volvió a jugar mal y apenas logró empatar en el partido de ida de cuartos de final de la Copa Sudamericana.
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Volvió a jugar mal, pero terminó empatando porque Cerro Porteño, cuando estaba 1 a 0, no tuvo capacidad para capitalizar en el contraataque todas las ventajas que daba la defensa de Boca. Ni siquiera pudo estirar la diferencia al desaprovechar un penal que ejecutó Aquino y que le desvió Abbondanzieri.
Boca fue un desconcierto, un equipo sin rumbo, sin un conductor, sin criterio para maniobrar la pelota ni generar volumen de juego. Guglielminpietro nunca pudo convertirse en el organizador del equipo, Cagna y Cascini perdían más de lo que ganaban en la recuperación, Cardozo se debatía en su intrascendencia y Palermo deambulaba en los últimos metros sin que le llegara una pelota clara como para crear peligro. El único que fue capaz de llevar algún susto al arco paraguayo fue Cángele.
Esa descompensación que existía entre el mediocampo y los delanteros también se trasladó a la defensa. Y quedó plasmada en el gol paraguayo, con el cabezazo de Pedro Benítez, que le ganó en lo alto a Schiavi.
Boca fue durante todo el primer tiempo un equipo sin alma, sin actitud, sin ganas.
La arenga de Brindisi en el entretiempo y el ingreso de Ormazábal le cambió la cara a un Boca que salió con más energía, con el corazón más «inflado».
Encontró rápidamente el empate en los pies de Cascini con un remate rasante desde fuera del área y a partir de ahí, con desorden y desprolijidad, pero con fuerza y coraje, fue acorralando al equipo paraguayo que lo único que hizo fue intentar mantener el empate. Lo consiguió y se fue más tranquilo esperando el desquite del 10 de noviembre en Asunción.
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