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En esta oportunidad Oscar Tabárez presentó un esquema nuevo: tres defensores (volvió a la titularidad Rolando Schiavi), dos carrileros, dos mediocampistas de contención, uno de enlace y dos delanteros. Seguramente con el objetivo de ser más ofensivo, pero no lo consiguió. Simplemente porque la pelota no tuvo circulación en la mitad de la cancha y a pesar de la buena actuación de Matías Donnet (en su debut) fueron pocos los balones que le llegaron con claridad a los delanteros.
Newell's con un 4-4-2, trató de apoyarse en la habilidad de Manso para generar juego. Una intención y nada más porque los defensores y volantes rivales lo trataron con mucha rudeza al mediocampista, ante la pasiva mirada de Gustavo Bassi.
En ese contexto Boca si bien conseguía desequilibrar por la habilidad de Marcelo Delgado, no encontraba caminos aptos en Bracamonte, que debía bajar a buscar la pelota, que pocas veces transitaba el área y se perdía entre «un mar de piernas» que convergían en la mitad de la cancha.
En realidad la lucha pareció ser la bandera de los dos. Una situación que hacía pensar que el partido tenía destino irremediable de cero a cero.
En esa jugada también pareció que el partido entraba en trámite de «cosa juzgada». Simplemente porque cada vez costaba más salir de la franja central. Y apareció otro chispazo, una genialidad de Delgado (eludió a tres jugadores y sacó un gran remate que pegó en el travesaño) le permitió a Tévez empatar el partido. En otras palabras, se quedaron en el conformismo del uno-uno.
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