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Gimnasia fue astuto. Le salió a luchar el medio campo a «brazo partido», no le «regaló» un metro de terreno y aprovechó toda pelota detenida para hacer valer su juego aéreo. Con un Enría que complicó siempre a Clemente Rodríguez y un Sava astuto y siempre bien ubicado.
Oscar Tabárez parte de la premisa (nunca comprobada) de que los equipos se arman de atrás para adelante y aseguró la defensa con la provechosa contratación de Diego Crosa, que tiene velocidad y buen juego aéreo y con la idea de que los marcadores laterales primero marquen y después -si la oportunidad es propicia-se lancen al ataque. En el medio, maneja un triángulo de volantes que tienen como argumento recuperar la pelota y luego jugar, con Serna como eje y, delante de ellos, Juan Román Riquelme para manejar todos los balones y abastecer a Delgado y Guillermo Barros Schelotto. Dos delanteros a los que les gusta más mandar centros que convertir goles, por lo que les falta presencia en el área, a la que tiene que acudir Riquelme haciendo un despliegue que no le es habitual y que no le agrada hacer.
La gente pide más audacia, quiere que juegue Gaitán al lado de Riquelme como un doble eje de ataque, para lo que tendría que resignar un volante de marca o un defensor, quiere más potencia ofensiva, y allí no se advierte la solución, porque no cuenta con centrodelanteros con oficio, salvo que indulten a Barijho, quien, con sus defectos y sus virtudes, es un hombre puro de área, con más nivel que Moreno, Bracamonte o Alcorsé, que son las variantes con las que actualmente cuenta el técnico.
Por ahora, este Boca es lo que es, un equipo que necesita espacios para definir, que le cuesta mucho presionar al rival en su área y que se siente cómodo cuando lo atacan y puede aprovechar el contraataque. No es lo que el simpatizante de Boca soñó, sobre todo a la sombra de la gran campaña de River, pero es lo que hay.
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