Traer un triunfo de Brasil no es poca cosa, ganarlo ante Vasco da Gama tiene más mérito aún y le permite a Boca amasar ilusiones para el partido «de vuelta» que se jugará la semana próxima en Buenos Aires. Fue 1 a 0 -y en verdad-si se contabilizan las situaciones de gol que tuvieron uno y otro, Bianchi se tendría que haber ido a dormir mucho más tranquilo aún. Boca tuvo oportunidades para marcar una diferencia mayor.
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Hay algo que a estas horas no puede quedar al margen: los argentinos conocían exactamente los movimientos de los cariocas, con o sin (como en este caso) Romario, el jugador que muchas veces trastrocó complicaciones en triunfo. Lo cierto es que Boca hizo un plan-teo cercano a la perfección. Dejó hacer, entregando el manejo y la salida a Vasco y luego le fabricó una media luna sobre Córdoba, para provocar que los brasileños no tengan más alternativas que la pelota por elevación. Fácil para el despeje, cómoda para la réplica.
En verdad, todo la mecánica de Vasco quedó en la habilidad de Juninho (cruzándose de izquierda a derecha) y de Pedrinho (haciendo lo mismo a la inversa). Por momentos dio la imagen de un equipo suelto, práctico en la salida, armonioso a la hora de escalar hasta tres cuartos de cancha. Sin embargo, de ahí en más perdía en la habilidad (o manejo) que intentaban realizar Eller en el medio, Viola en el centro o el protestón Euller (el Barros Schelotto de Brasil) por el lateral izquierdo.
Boca se dio cuenta de que tenía algunas ventajas. Por un lado, espacio para salir con cierta comodidad, mucho más cuando hacía que el enlace pasara por los pies de Riquelme para favorecer el ataque por los laterales (vía Ibarra o Matellán) o metiendo la pelota entre los marcadores de Vasco para alimentar a los solitarios Barros Schelotto y otra a Delgado.
En ese balance final se deben computar algunos otros aciertos: la seguridad de Córdoba (sólo falló en una pelota que le rebotó en sus manos), el infatigable andar defensivo de Serna para cortar toda pelota que incursionara por el medio, la implacable marca de Bermúdez y el acompañamiento -sin grandes luces pero efectivo-de Villarreal y Traverso cuando se acoplaron a algún esporádico ataque. A pesar de que era evidente que la función de ambos estaba centrada en cortar a Vasco da Gama en la zona media, para que los adversarios no lleguen al área con mucha gente para maniobrar.
Con poco a Boca se le hizo fácil cuando Riquelme se recostó por la franja izquierda, se juntó con Barros Schelotto (que se movía por la punta opuesta) y se acercó a Delgado para que pudiera imponer su velocidad.
Lo de Vasco fue jugarse lo que le quedaba en un final sobre campo de Boca. Con mucho desorden, sin el peso que podía imponer ya Julinho Paulista, aunque intentó a esta altura donde el reloj era implacable e impiadoso, buscar en alguna pared un hueco para el remate final. Lo más positivo fue una sucesión de córners, donde metieron toda su gente en el área de Córdoba, pero Boca ya estaba firme atrás, formando una doble línea defensiva... Bianchi procuró enfriar a los brasileños. En los últimos tres minutos hizo tres cambios consecutivos. Necesitaba aire para marcar y no perder que se le esfume una posibilidad que se da pocas veces. Vale recordar que ahora con un empate, basta. La semifinal está bastante más cerca y este resultado indica que en un fixturer bastante incómodo quedó cerca de sacarse al primer «peso pesado». Un salto importante y para valorar.
VASCO DA GAMA 0 BOCA JUNIORS 1
Vasco da Gama: Helton; Maricá, Géder, Torres, Paulista; Eller, Pedrinho, Juninho, Miranda; Euller y Viola. DT: Santana.
Cambios: ST 1m Jorghino por Maricá (VDG); 20m Dedé por Pedrinho (VDG); 26m Zada por Eller (VDG); 43m Pinto por Delgado (B); 44m C. Jiménez por Barros Schelotto (B); 45m O. Pérez por Riquelme (B)
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