Cuatro titulares habituales, entre ellos el paraguayo Aureliano Torres, quedaron desafectados del cuestionado plantel de San Lorenzo para el duelo ante Vélez Sarsfield el domingo en el Torneo Clausura.
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Además de Torres, fueron marginados del equipo por el técnico interino Alberto Fanesi, el volante Santiago Solari y los zagueros Jonathan Bottinelli y Adrián González, en lo que se supone un primer paso para "depurar" el plantel.
Fanesi mantuvo en cambio entre los concentrados a los delanteros Andrés Silvera y Gonzalo Bergessio, de los más insultados por un grupo de fanáticos que recibieron al plantel con agravios y agresiones a su regreso al país.
El equipo, que se entrenará el sábado a puertas cerradas, tuvo una dura "bienvenida" en el aeropuerto internacional de Ezeiza tras regresar de México, donde San Lorenzo cayó 2-0 con San Luis de Potosí y quedó eliminado de la Copa Libertadores.
Esta derrota forzó el postergado alejamiento del técnico Miguel Angel Russo, quien quiso acompañar al plantel en el momento más caliente, pero por consejo de los dirigentes permaneció finalmente en un bar de la terminal aérea.
Al grito de "que se vayan todos", que se popularizó allá por el 2001 en épocas de "cacerolazos" tras la caída del gobierno de Fernando De La Rúa, los fanáticos "azulgranas" recibieron a sus jugadores, a quienes consideran responsables de la crisis.
Más de medio centenar de aficionados se dieron cita para la "recepción" del equipo, que se había reforzado especialmente para intentar alzar una inédita Copa Libertadores y se despidió del torneo en la primera ronda.
Muchos fanáticos y hasta algunos analistas apuntaron a los jugadores como los máximos culpables de la situación, aún cuando Russo optó por el bajo perfil y asumió la responsabilidad por la crisis.
Algunos de los aficionados que llegaron hasta Ezeiza recordaron que estos mismos jugadores fueron los que forzaron previamente la salida como DT "azulgrana" de Ramón Díaz, víctima de las mismas urgencias que su sucesor.
"Mercenarios", "fracasados" y "traidores" se convirtió en el "grito de guerra" de los fanáticos que llegaron hasta el lugar y que se cruzaron insultos con los jugadores, algunos de los cuales reaccionaron, sin que la cosa pasara a mayores por milagro.
Pese a la nutrida presencia policial, se generaron momentos de alta tensión cuando los aficionados quedaron a cara a cara con los futbolistas, que raudamente se subieron a un autobús que los trasladó hasta el estadio de San Lorenzo.
La policía formó un cordón en torno al plantel, pero se limitó a observar como algunos hinchas arrojaban monedas al autobús, que partió raudo hacia el estadio de San Lorenzo.
Una escena similar se registró en las inmediaciones de las instalaciones del club, que permanecían cerradas al público y a la prensa y donde el plantel se entrenó ya a las órdenes de Fanesi.
San Lorenzo, que marcha noveno a ocho puntos del líder Lanús, recibirá el domingo a Vélez en un duelo de alto riesgo, que hace poco más de un año provocó un muerto (Emanuel Alvarez, de 21 años) en un hecho de violencia previo al partido y aún sin esclarecer.
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