Aquel 18 de diciembre de 2001 Independiente dejó atrás las gestiones de Julio Comparada y comenzó la de Javier Cantero lleno de ilusiones. Con la culminación del estadio como prioridad en la gente, el nuevo presidente comenzó una batalla mucho más ética y honrada: la de erradicar a los barras de las tribunas y así ahorrarle mucho dinero a las arcas del club.
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Pero no le fue fácil a Cantero librar esa batalla. Tanto es así que aún hoy, a casi 12 meses de iniciada su gestión, aún o pudo terminar con la violencia en Independiente, aunque tuvo avances importantes.
La primera medida fue a fines de abril y consistió en aplicarles el derecho de admisión a los jefes de la barra brava y llevar todas las banderas y bombos que guardaban en el club a la comisaría para que sean retiradas.
Por eso, Pablo "Bebote" Álvarez y sus secuaces no pudieron entrar más al estadio Libertadores de América y durante los primeros días de mayo decidieron ingresar en el despacho del presidente para amenazarlo. Aquella fue la primera discusión fuerte, cara a cara, entre el titular del club y el jefe de los violentos.
Aquella amenaza generó la primera reacción fuerte de los hinchas que se autoconvocaron en la puerta de la sede de la Avenida Alsina en apoyo al presidente Cantero y en repudio a los barras y de quienes los protegían económicamente.
Ese mismo día, el colegio del club debió suspender la actividad por una amenaza de bomba de dos personas que se identificaron como barras.
El 1º de septiembre Cantero decide contratar a un experto en seguridad y ese mismo día asume Florencia Arietto. El próximo movimiento de la barra fue intentar suspender un partido de visitante ante Arsenal.
Imposibilitados de ingresar al estadio de Sarandí, los violentos comenzaron a arrojar objetos contundentes desde afuera hacia la misma tribuna de Independiente. El partido estuvo detenido unos instantes pero luego siguió su curso normal.
Para peor, Pablo Moyano decidió arremeter contra Cantero por unas declaraciones del presidente, quien había dicho que "iba a sacar a los sindicalistas del club". "Que gobierne no hable sin saber", le respondió el líder del gremio de camioneros y persona que supo vincularse con el club en el pasado.
Una noche de junio, el vicepresidente Claudio Keblaitis renunció por amenazas que recibió junto a su familia. Luego, convencido por Cantero, retomó la actividad que sigue en la actualidad ejerciendo.
Unos días más tarde, ocurrió el cruce más impactante, por ser el más mediático, entre el presidente y el jefe de la barra. Se encontraron e increparon cara a cara en la calle y Cantero dio a conocer la cifra que recibían los violentos de 42.000 dólares mensuales de la anterior comisión directiva.
Luego de aquella discusión, las aguas se aquietaron hasta el martes a la noche, cuando la barra contó con infiltrados en la tribuna que suspendieron el partido ante Belgrano con el único objetivo de entorpecer la labor de Cantero y perjudicarlo en su accionar de liberar a Independiente de los violentos.
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