Como cada 25 de noviembre, se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento de Diego Armando Maradona, el máximo ídolo argentino. El hecho que marcó un antes y un después en el país tuvo lugar en plena pandemia de Covid-19.
El astro argentino falleció el 25 de noviembre de 2020. Con el tiempo, se dieron a conocer cómo fueron sus últimos días y cómo estaba su salud.
Se cumplen cinco años de la muerte de Diego Maradona.
Como cada 25 de noviembre, se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento de Diego Armando Maradona, el máximo ídolo argentino. El hecho que marcó un antes y un después en el país tuvo lugar en plena pandemia de Covid-19.
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Durante el juicio por la muerte del astro, los fiscales Patricio Ferrari y Cosme Iribarren describieron por primera vez el estado en que se encontraba su cuerpo al momento del fallecimiento. Explicaron que el examen forense reveló un corazón infiltrado de grasa, hasta tres litros de líquido en la cavidad abdominal y signos inequívocos de una larga agonía.
La autopsia realizada en la morgue de San Fernando concluyó que Maradona murió por un “edema agudo de pulmón secundario a una insuficiencia cardíaca congestiva reagudizada y una miocardiopatía dilatada”.
Los análisis anatómicos también mostraron que varios órganos del exfutbolista pesaban casi el doble de lo normal en un adulto.
El perito Cassinelli señaló que esa acumulación de agua en el cuerpo podía relacionarse tanto con la miocarditis como con la cirrosis que padecía el ídolo. Aclaró, además, que esa retención hídrica “no se pudo haber formado de un día para el otro”.
El juicio por la muerte de Diego Maradona debió se anulado por el accionar de la jueza.
“Esto viene formándose de a poco y con el tiempo. Pudo haber sido desde que se externó hasta que falleció. No aparece ni en un día, ni en dos, ni en tres, esto es algo que viene progresando. Por lo menos 10 días”, sostuvo.
Los especialistas explicaron que no existe un método infalible para determinar el instante exacto en que muere un paciente, aunque consideraron varios indicadores: deshidratación, opacidad corneal, temperatura y aparición de manchas cadavéricas.
Los forenses concluyeron que Maradona pudo haber muerto bastante antes de ser encontrado sin signos vitales en su casa de San Andrés.
Cuando se practicó la autopsia, a las 19 del 25 de noviembre de 2020, el cuerpo ya mostraba rigidez en la mandíbula, una pierna y ambos brazos.
Sus córneas estaban “bien opacas” y las manchas cadavéricas habían sido detectadas desde el momento en que lo hallaron sin vida.
Las actas del expediente, acompañadas por mensajes de texto, audios, fotos y vídeos de los teléfonos de los imputados, permitieron reconstruir sus últimas semanas con precisión.
Los documentos muestran cómo el entorno más cercano de Maradona no solo lo aisló, sino que además lo privó de la asistencia médica indispensable, motivado por el temor a perder el control de sus negocios. La hipótesis central de los investigadores es contundente: si hubiese recibido atención adecuada, Maradona habría sobrevivido.
Maradona tuvo serios problemas de salud durante sus últimos días de vida.
El último administrador de los asuntos económicos del astro fue Matías Morla, abogado porteño. En junio de 2015, inscribió Sattvica S.A., empresa que acumuló derechos sobre las marcas “El Diez”, “Maradona”, “La Mano de Dios” y “El Diego”, entre otras.
Los apoderados registrados fueron el propio Morla, su hermana Vanesa y su cuñado Maximiliano Pomargo. Maradona no figuró en la sociedad.
El 3 de noviembre de 2020, Maradona fue intervenido para extirparle un hematoma subdural en la Clínica Olivos. El neurocirujano Leopoldo Luque se mostró ante la prensa como el artífice de una cirugía exitosa y difundió fotos junto al exfutbolista.
Pero mientras atravesaba el posoperatorio, Maradona lidió simultáneamente con un cuadro de abstinencia. Algunos días estaba adormecido; otros, intentaba arrancarse el gotero. A un auxiliar que lo asistía le dijo que ya no valía la pena ayudarlo porque “habían perdido la magia”.
Los médicos recomendaron internarlo en una clínica de rehabilitación o un centro psiquiátrico cerrado. Esa posibilidad generó alarma en los administradores de sus negocios, quienes temían que un equipo especializado determinara la necesidad de declararlo incapaz, lo que habría cortado cualquier posibilidad de seguir capitalizando su figura.
En mensajes previos al traslado, Pomargo le escribió a Luque que si Maradona “logra zafar de esta, hay plata para todos”. La vivienda de San Andrés ya estaba alquilada.
El 11 de noviembre salió de la clínica en ambulancia hacia una casa destinada supuestamente a recibir cuidados domiciliarios.
La vivienda de San Andrés no cumplía ninguno de los parámetros necesarios para un paciente de alto riesgo, no había baño adaptado, ni cama con barandas, ni desfibrilador, ni equipamiento de emergencia. Tampoco un sistema de monitoreo, ni una ambulancia disponible.
La habitación donde descansaba permanecía oscura, con ventanas cubiertas. No tenía siquiera un timbre para pedir ayuda. Su baño era un inodoro químico y algunas botellas de agua.
El acuerdo inicial contemplaba visitas periódicas de médicos de la Clínica Olivos. Ese compromiso se cumplió solo el primer día: nunca más lo revisó un médico.
También se había dispuesto la continuidad del equipo terapéutico que había iniciado la desintoxicación y de tres enfermeros para controlarlo durante las 24 horas. Ninguno de ellos volvió a ingresar.
El argumento para impedirles el acceso fue siempre el mismo: “El paciente no quiere ver a nadie”. Desde entonces, los allegados de Maradona quedaron a cargo de sus medicamentos y, en vez de la dieta ordenada por los especialistas, lo alimentaron con bocadillos, osobuco y gambas al ajillo.
El deterioro avanzó sin control. El 17 de noviembre de 2020, Nicolás Taffarel le informó a Luque que Maradona se sentía exhausto y llevaba más de 26 horas sin levantarse de la cama.
La insuficiencia cardíaca progresó hasta provocar un edema pulmonar, cuadro mortal que exige medidas inmediatas: elevar el torso, administrar diuréticos, suministrar oxígeno. Nada de eso ocurrió.
Cuando dos médicos externos intentaron evaluar a Maradona el 18 de noviembre, el entorno que lo rodeaba los expulsó.
En sus últimos días, Maradona entró en un estado vegetativo. Según los forenses, su agonía se extendió más de doce horas. Primero colapsó su respiración; luego, su corazón.
El análisis médico, los chats y los testimonios coinciden en un mismo punto: la muerte del ídolo no fue un hecho súbito, sino la consecuencia de una cadena de desatenciones, malas decisiones y omisiones graves que sellaron sus últimas horas.
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