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4 de noviembre 2002 - 00:00

De River, pero con reparos

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Si usted pensaba que River se iba a erigir en cómodo ganador, teniendo la ventaja psicológica que no es difícil advertir cuando se pesaban las virtudes en defensa, en el medio y -fundamentalmente-ofensivas el resultado si no era categórico por lo menos debía ser cómodo. Más, si se tiene en cuenta que River tuvo un penal a favor a cinco minutos de juego y el experimentado Saja (uno de los pocos con antecedentes) pudo desviarle al movedizo y poco eficaz D'Alessandro.

Si usted piensa que River con el ajustado pero triunfo al fin por uno a cero, que hace que también (como Boca) haya achicado distancias con el puntero, debía haber despertado la euforia de la gente, también se equivocó. El que se llevó los aplausos fue San Lorenzo, a través de esa columna vertebral que se fundamentó en el despliegue y experiencia de Saja, Chatruc, Frutos, Zurita, Benito (y al final Astudillo), sino porque Leandro Alvarez, el debutante Mattiuzzo, Cabrera, Di Lorenzo y la cuota de talento de Luna, no sólo mostraron despliegue sino fundamentos sólidos de equipo.

River pegó fuerte y duro, con dos jugadas que partieron de Cuevas: una que terminó en penal de Alvarez (atajado por Saja a D'Alessandro) y la otra que terminó en el gol de Fuertes, que en definitiva fue el que le dio tranquilidad a Pellegrini para salir del Nuevo Gasómetro con algo de oxígeno.

En realidad, River se aferró a ese gol de diferencia, se retrasó y apostó al contraataque. Primero saliendo de tres cuartos de cancha en adelante cuando ni Pereyra, ni Alvarez y ni Cuevas podían dar respuesta a la propuesta de un D'Alessandro errático e impreciso en las entregas. Poco podían aportar en ese juego las ganas de Fuertes, que se hizo intrascendente en la punta derecha. El hecho de que Saja no haya tenido que soportar situaciones de riesgo dice más que mil palabras.

San Lorenzo comenzó a incursionar por el medio y a intentar ataque por los costados. Una línea de fondo sin apremios podía abastecer a Chatruc (por derecha), Cabrera (en el centro) y Zurita (por izquierda). Cuando Insúa resolvió mandar a Astudillo (por Di Lorenzo), puso un hombre más en ataque. River fue un tembladeral y habrá que ver varias veces algunas alternativas para verificar que la pelota no entró.

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