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16 de septiembre 2004 - 00:00

Decisión que dejó perplejos a muchos

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Sin embargo, en el vertiginoso día de ayer se conocieron algunos detalles. Nadie puede poner en duda que los fundamentos de Bianchi son más que razonables, pero también es cierto que había otros hechos que iban a obligar al ex técnico de Boca a transitar por un camino lleno de espinas y demasiado sinuoso.

Todos apuntaban a que, de haber una negativa, se iba a centrar en el aspecto económico. Nada más irreal, porque en su ánimo ese asunto estaba en último lugar, a pesar de las limitaciones que había impuesto el Comité Ejecutivo para dar el puntapié inicial de las conversaciones, aunque señalaran que en ningún caso «se podía superar lo que percibía Bielsa en la actualidad».

Sin embargo, los otros dos puntos por superar parecían ser mucho más complicados a la hora de sortear obstáculos: a) que se le permitía a Bianchi traer con él a un solo ayudante. Algo que -de por sí- no estaba en el ánimo del técnico aceptar, simplemente porque no sólo significaba que no podía incluir a su propio equipo, sino -ademásmantener a Luis Bonini en la preparación física y -fundamentalmente-al doctor Donato Villani, con el cual tuvo ya duras discusiones cuando el DT sostenía que le «devolvía los jugadores lesionados a Boca».

Si el punto a) de por sí resultaba conflictivo, no lo era menos el b), donde se señala que la «puntada final del acuerdo» debían concretarla los directivos Julio Alegre ( secretario de selecciones nacionales) y con José Luis Meizner (secretario general), precisamente dos representantes que, junto con otros nombres del entorno de Grondona, Bianchi no tenía interés en conversar y menos de sentarse a discutir ningún tema de convivencia futura.

Grondona había adelantado que tenía por las dudas un «plan B» y lo puso en práctica. Tras el «no» de Bianchi, habló con Pekerman y apenas midiendo sus palabras y semblanteando al hombre, se podía decir « habemus pontificem», como se confirmó después.

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