19 de febrero 2001 - 00:00

El gran oficio de Boca le sirvió para ganar y alejar fantasmas

El gran oficio de Boca le sirvió para ganar y alejar fantasmas
Cuando las cosas no salen como uno piensa, siempre hay que apelar al ingenio. Cuando tampoco funciona la creatividad, habrá que refugiarse en el oficio. Boca lo hizo porque su triunfo se asentó en un angustioso andar cuando las cosas se presentaban menos complicadas que al comienzo. En ese lapso donde Gimnasia primero le cerró los caminos, cortando toda posibilidad de enlace ofensivo. Después, cuando trató de apretarlo sobre su propio arco y luego, cuando lo consiguió y tuvo oportunidades de esas que cuando se pierden se terminan pagando caras.

Desde el momento en que Sanguinetti hizo estrellar un remate en el travesaño, Gimnasia fue un aluvión futbolístico. Si en ese período hubiera que hacerle alguna crítica, es que abusó tal vez demasiado de los remates cruzados para Fernández y Sava, aunque este último tuvo tres oportunidades claras para desnivelar.

Si bien Boca se asentaba en la seguridad de Abbondancieri, cometía serios errores defensivos como para hilvanar algún avance criterioso. Sin embargo, fue corrigiendo posiciones y se refugió como salida en la seguridad que imponían Bermúdez y Serna.

La paridad en el juego le daba otras posibilidades, pues Gimnasia sin la pelota también mostraba que tenía fisuras en Pereyra, Cavallo y Scotti. Boca se dio cuenta de que la salida era hacerse de la pelota y posibilitar el contraataque. General-mente buscando como enlace a Barros Schelotto y enviando alguna pelota cruzada en busca de Barijho, que contaba -a veces-con la aparición de Arce y Pereda, para agrupar algo más de gente en ataque. Por entonces ya el arquerito Hernando no estaba tan tranquilo y debía apelar a sus condiciones para evitar lo que Boca hacía con poco fútbol, pero a puro oficio.

Al tiempo que Gimnasia perdía consistencia en su insistencia de pelotazos en diagonal para Favio Fernández, Boca comenzaba ya a trabajar la pelota con otros fundamentos y mayores posibilidades. Tanto que había tenido espacios para llegar hasta el área, a pesar de que siempre perdía en la instancia final. Hasta que Barijho rompió la monotonía de un juego que se tornaba anodino, aunque las posibilidades de uno y otro le daban al partido una cierta emoción.

El gol llegó a través de un córner enviado desde la izquierda. Lo tiró el mellizo Barros Schelotto, la pelota fue «peinada» por Burdisso, y Barijho no hizo más que empujarla con su cuerpo a la red. Gimnasia salió como herido. Con más vértigo que juego, con más ganas que fútbol. Boca le había tomado el pulso al juego. Sólido, preciso, eficaz a la hora de cortar algún pretendido diálogo con la pelota. A Gimnasia le quedó una jugada clara para el empate cuando Sava tocó de taco y Gatti remató desviado. Es difícil provocarle angustias a un equipo que tiene un gran caudal de conocimientos y una gran personalidad. Boca sabía por entonces que no podía arriesgar. Que si llegaba con diferencia, no sólo alcanzaba el triunfo, sino que además despejaba fantasmas. A Gimnasia no le alcanzaba con el entusiasmo. En realidad, el partido lo había perdido antes del gol de Barijho, cuando al principio desperdiciaron situaciones de esas que terminan doliendo. Como finalmente le dolió e hizo feliz a Boca.

Gimnasia: Hernando; Sanguinetti, San Esteban, Cufré, Pereyra; Cavallo, Scotti, Favio Fernández, Albornoz; Enría y Sava. DT: Griguol.

Boca
: Abbondancieri; Burdisso, Bermúdez, Matellán, Imboden; Arce, Serna, Pereda, Gaitán; Guillermo Barros Schelotto y Barijho. DT: Bianchi.

Gol:
ST 33m Barijho (B).

Cambios: ST 9m Pautasso por Cavallo (G), 36m Gatti por Albornoz (G), Ocampos por Enría (G) y Pinto por Arce (B), 44m Clemente Rodríguez por Gaitán (B), 45m Marchant por Barros Schelotto (B).

Estadio: Gimnasia.

Arbitro: Claudio Martín.

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