Toma color. El azul y amarillo de Rosario Central comienza a desteñirse por el celeste y blanco de la Selección.
El tiempo no se detiene, aunque las horas parezcan días. El inevitable, si es que alguien quiere evitarlo, choque entre Argentina y Brasil por la decimoquinta fecha de la eliminatoria sudamericana está cada vez más cerca.
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Rosario lo vive, lo palpa, lo siente en cada rincón de la ciudad. El Gigante de Arroyito será testigo de un duelo histórico, por el marco en el que se realiza. Argentina no está cómoda en la tabla de posiciones y debe ganar para empezar a pensar en Sudáfrica. La reciente derrota de Ecuador ante Colombia 2-0 le dio aire y margen de error al seleccionado conducido por Diego Maradona, pero también le agregó otro rival a la pelea por la clasificación directa. Uruguay no pudo con un Perú eliminado y eso también fue un buen resultado.
En épocas de definiciones no todo es lo que parece. El partido de los charrúas así lo demuestra. En estas instancias finales comienzan a jugarse otros asuntos. Los nervios toman mayor protagonismo y no son momentos para cualquiera. Los jugadores argentinos ya están en el estadio. En los vestuarios que querían, con la gente como la querían, cerca, y con toda la ilusión a cuestas.
No es un partido más. Se respira un clima de éxtasis en las tribunas que poco a poco van colmándose. La fecha es histórica, como todos los clásicos, pero esta de hoy es primordial. Los jugadores lo saben y la gente también. La primer batalla, la de la convocatoria e ilusión, está ganada. Ahora falta plasmar toda esta pasión en el césped y en la red contraria.
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