En el Figueirense, equipo de fútbol brasileño, el entrenador Roberto Fernandes castiga al peor jugador de la sesión obligándolo a completar el entrenamiento vestido con un horrible camisón rosa de mujer.
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El centrocampista Jairo fue la primera víctima del camisón. El menos afectado fue el propio jugador, puesto que se ejercitó con normalidad, mientras que el resto de sus compañeros no paró de reírse y burlarse de él.
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