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Lanús manejó el juego tanto como su rival, creando muchas situaciones de gol, pero falló a la hora de la definición y tampoco tuvo suerte, ya que estrelló tres pelotas en los postes.
El partido fue muy luchado y no siempre con buena intención, a pesar de un arbitraje que trató de ser estricto en el cumplimiento del reglamento y que en 8 minutos ya había amonestado 6 jugadores. El árbitro Rafael Furchi fue uno de los protagonistas del partido con valentía para cobrar tres penales para el mismo equipo, pero no midiendo con la misma vara la violencia y permitiendo, por ejemplo, que Buján continúe en la cancha más de 30 minutos (fue expulsado a los 12 minutos del segundo tiempo) cuando debió irse en el primero.
Sin ser bien jugado, el partido fue emotivo por las muchas situaciones de gol que ofreció y por las alternativas del marcador. Independiente tuvo en la habilidad del juvenil Agüero su mejor arma ofensiva y a un Frutos jugando de espaldas al arco como una especie de pivot de basquetbol. Lanús terminó jugando con tres delanteros, pero no tuvo fortuna en la definición. La diferencia entre uno y otro fue el oportunismo para aprovechar la situaciones. Nada más.