Mariano Neira viajó desde España y saldó una deuda de 13 años.
Mariano Neira es argentino, exjugador de fútbol y actual director técnico en España. Pero sobre todas las cosas es racinguista, y por eso decidió viajar los 10.066 kilómetros que separan a Alicante de Buenos Aires para verlo campeón y saldar así, una vieja deuda que llevaba 13 años apuñalándole el alma.
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Oriundo del barrio de Palermo, dejó el país en octubre de 2001 para probar suerte en la península ibérica, donde finalmente se radicó y formó una familia. A dos meses de su llegada vio a su amado Racing dar la vuelta olímpica en Liniers mediante su computadora. Este 2014 no se permitió ni siquiera intentarlo. "No me lo hubiese perdonado nunca", aseguró enfáticamente sobre la posibilidad de volver a repetir esa experiencia.
"Cerré la herida, tenía que ver a Racing campeón en la cancha", agregó el hombre que comenzó a moldear este viaje exprés a la Argentina luego de la victoria ante Quilmes.
Mariano llegó al país el miércoles anterior a la definición tras 14 largas horas de viaje y sacó pasaje de vuelta para el viernes 19. Su estadía de nueve días se debe a una sola razón: "Tenía que evaluar la posibilidad de un desempate. Si se daba, no me podía ir sin estar ahí".
El regreso al barrio y a la cancha donde pasó muchos domingos de su adolescencia también fue un sentir fuerte. Cumplió con la rutina de siempre, juntarse con sus amigos, comer algo y partir rumbo a Avellaneda en un colectivo de la línea 95.
Mariano le cuenta a ambito.com su historia y cómo fue que se decidió a cerrar una larga y honda herida para cumplir el sueño de toda su vida.
Periodista: ¿Cómo fue que se te ocurrió el viaje?
Mariano Neira: El viaje lo planifiqué después de la victoria ante Quilmes. La Filial de Racing en España había organizado la 11ra fiesta anual al día siguiente de ese partido en Valencia y el gol de Bou sobre la hora elevaron la temperatura de todos los que fuimos (en la fiesta estuvieron Zuculini y De Paul, ambos jugadores del Valencia, y Juan José Pizzutti, DT campeón del mundo en el 67). Encima a la noche Olimpo le empató a River, lo que dejaba a Racing a sólo dos puntos de la punta y esperando a River en unos días en un Cilindro que iba a explotar.
P: ¿Cuándo te convenciste en hacerlo?
M.N.: Evidentemente, me convencí de hacerlo después de ganarle a River. En la semana previa me dije: "Si le ganamos a River, viajo". Lo tenía clarísimo. Esta vez no me lo podía perder. No me lo perdonaría nunca...
P: ¿Cómo te organizaste con tus actividades de allá?
M.N.: Con mis actividades en España tuve que pedir una semana de licencia tanto en mi trabajo como en el club donde soy entrenador de inferiores: se quedó mi ayudante de campo con el plantel. Salió todo redondo ya que el partido de ese fin de semana de mi equipo se terminó suspendiendo.
P: ¿Qué te dijo tu familia?
M.N.: Desde el primer momento que expresé mi deseo de viajar, mi mujer, hincha de Racing de Montevideo, me apoyó en todo, ya sea buscándome pasajes baratos como alimentando mi ilusión de verlo dar la vuelta en vivo con mis familiares y amigos. Mi hija, de 3 años, es chiquita y no es consciente de todo esto pero ya sabe decir que es hincha de Racing y me acompaña en la compu cuando me agarra la nostalgia y me pongo a ver videos de la hinchada.
P: ¿Qué recordás de aquel título de 2001 que viviste en España?
M.N.: Esta aventura hermosa de viajar para verlo campeón está ligada indefectiblemente al campeonato del 2001. En aquella oportunidad, seguí al equipo de Mostaza (Reinaldo Merlo, entrenador) hasta el partido contra Colón, por la 10ma fecha, cuando ganamos 2 a 1 con aquel gol de "Rafa" Maceratesi. A los pocos días, dos antes de mi cumpleaños número 22, viajé a Europa con el que era mi representante para hacer una prueba en un equipo de Inglaterra y al final acabé firmando en España. Viví los partidos finales con una mezcla de adrenalina por las victorias del equipo y, por otro lado, de angustia por estar lejos de un suceso que sería histórico, dar la vuelta después de 35 años. Además, la situación del país... todo era especial. Ahora, este viaje sirvió para cerrar aquella herida y cumplir el sueño de verlo campeón con mi viejo y con mi hermano. Nos dimos el abrazo que esperó 13 años.
P: ¿Cómo encontraste el Cilindro y a Avellaneda?
M.N.: Al Cilindro ya había vuelto un par de veces que vine de vacaciones pero siempre agarraba las últimas fechas en las que casi nunca peleabamos. Servía para reencontrarme con esa atmósfera única creada por la pasión de la gente, era como meterse en el túnel del tiempo por un rato para gritar por Racing. Pero esta vez era distinto: venía a disfrutar de todo eso pero además con la posibilidad de verlo dar la vuelta. Lo que viví el domingo me lo guardo hasta último día.
P: ¿Cómo fue el encuentro con tu gente en la cancha?
M.N.: El encuentro con mi gente en la cancha fue como siempre. La previa, la votación en la sede, el ambiente en los alrededores del estadio, la llegada de la gente, la locura de todos cantando como si nunca me hubiese ido, recordando anécdotas y esperando el momento que todos soñábamos y que al final se dio. Inolvidable.
P: ¿Qué fue lo primero que pensaste con el pitazo final?
M.N.: Con el pitazo final se me cruzaron muchas imágenes por la cabeza, como a todos los hinchas. Los viajes a la cancha con mi viejo y con mi abuelo, que ya no está, las anécdotas con mis amigos, los hinchas que no pudieron estar, las gracias a la vida por darme la "revancha" y permitirme estar en el momento justo, a la hora indicada. Y después, lo que venía: el abrazo con mi hermano, con mis amigos, con los hinchas anónimos en la popular, el abrazo con mi viejo a la salida de la platea, la caravana por avenida Mitre pasando por la sede de los vecinos, la llegada de los jugadores al Obelisco, la fiesta hasta cualquier hora. Al margen de las fotos que sacamos, las más importantes son las del corazón, que quedarán grabadas para siempre.
Y así, el hombre que algún día se dio el gusto de ver al mejor Barcelona en el Camp Nou, pudo cumplir su sueño, el de toda su vida, y que todo lo demás parezca poco. Mariano deja la Argentina y se vuelve para encontrarse con su mujer Yessica y su pequeña hija Martina, se va con la herida curada, con la mochila de los sueños mucho más liviana.
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