La Habana (EFE) - Una nueva normativa sobre disciplina laboral y horarios de trabajo comenzó a aplicarse ayer oficialmente en Cuba, tras una intensa campaña previa a la entrada en vigencia de la primera política adoptada por el presidente provisional, Raúl Castro.
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Las resoluciones 187 y 188, que regulan horarios y régimen sancionador, han sido objeto de análisis y preparación desde que fueron aprobadas durante el Congreso de la Central Nacional de Trabajadores (CTC), único sindicato permitido en la isla, en setiembre pasado.
Sus objetivos son, según medios oficiales cubanos, contribuir «al rescate del orden y la disciplina», lograr un mayor aprovechamiento de la jornada y el incremento de la productividad en cada entidad, y constituyen un marco normativo de referencia en la elaboración de las normas internas de cada centro laboral.
Entre las medidas figura la ampliación del horario laboral, que en la mayoría de los centros será de ocho horas diarias y 44 semanales, y la obligación de los trabajadores de estar en su puesto antes de la apertura y hasta después del cierre del establecimiento en que operen.
Además, otorga facultades a las direcciones administrativas de las entidades para establecerhorarios, mantiene regulaciones sobre el trabajo durante los fines de semana y deroga tres leyes de aplicación sectorial.
En el terreno disciplinario, las administraciones de las empresas impondrán sanciones que pueden llegar a la separación definitiva del puesto de trabajo y tendrán efectividad al día siguiente a su notificación «con independencia de que se muestre inconformidad con ellas» y de los posibles recursos.
Retos mayores
Raúl Castro, presidente provisional desde que el líder cubano, Fidel Castro, se viera obligado a delegar sus cargos el pasado 31 de julio por una enfermedad que se mantiene como secreto de Estado, manifestó durante el congreso sindical su convencimiento de que los trabajadores estarán «a la altura de retos cada vez mayores». Allí, recordó que los empleados deberán hacer «una importante contribución al esfuerzo por aprovechar al máximo las perspectivas que poco a poco se van abriendo al desarrollo económico y social del país» y les recordó que no se puede «exonerar de su gran responsabilidad a los únicos dueños de la riqueza del país», los sindicalistas y el resto del pueblo.
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