Milán (ANSA) - El entrenador Marcello Lippi puede perder su cargo al frente del seleccionado de Italia a tres semanas del Mundial, mientras la casa del capitán de la «azzurra», Fabio Cannavaro, fue allanada ayer en medio del escándalo que sacude al «calcio».
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Lippi está citado para hoy por los fiscales, en el marco de la investigación que desencadenó ayer la suspensión de los nueve árbitros italianos involucrados en el caso.
Paralelamente, se supo que en Holanda se investiga una red de apuestas clandestinas que pudo condicionar resultados de equipos de «primera línea», en otro escándalo de similares características a los ventilados el año pasado en Alemania y Brasil.
El diario «Libero» de Italia arriesgó ayer la hipótesis de que, en caso de que la investigación manche a Lippi, Giovanni Trapattoni podría asumir al frente del seleccionado a pocos días del comienzo de la Copa del Mundo en Alemania.
Trapattoni guió a Italia en el Mundial de Corea-Japón 2002, pero fue despedido en julio de 2004, tras su fracaso en la Eurocopa jugada en Portugal.
La publicación sostuvo en su edición de ayer que no prosperó la candidatura de Carlo Ancelotti, actual técnico de Milan, «por estar, aunque sea marginalmente, rozado por el escándalo desatado con las escuchas telefónicas a Luciano Moggi», ex director de Juventus.
Según un informe judicial, Moggi influyó de manera determinante sobre las convocatorias de Lippi al seleccionado, generando una favorable predisposición hacia los jugadores que él señalaba.
Los magistrados investigan también las actividades de GEA World, sociedad dedicada al traspaso y representación de futbolistas, en la que se desempeñaba Davide, el hijo de Lippi. El presidente de GEA es el hijo del ex dirigente de Juventus, Alessandro Moggi, principal indagado con su padre en el caso, junto con jóvenes herederos de familias muy activas en el mundo de las finanzas.
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