La diferencia de Boca es tan amplia a estas alturas que puede darse algunos lujos. Empató y sigue con una luz de cinco puntos de diferencia con San Loren-zo (restan 9 por disputar) y a pesar de ello busca, intenta, trata de forzar el resultado, aunque no lo consiga, como le pasó con Quilmes.
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Claro, tener la pelota, manejar en el medio -muchas veces sin marca-no es sinónimo de administrarla bien. Boca llegó y tuvo algunas oportunidades como para torcerle el brazo a este prolijo, sólido y estructurado Quilmes, que salió como siempre: con dos líneas de cuatro pegaditas, dejando un hombre para el enlace (Camps) y otro jugador algo más adelantado (el «Chupa» López) como argumento ofensivo excluyente.
En realidad, a Boca le faltaron ideas de medio campo hacia arriba. Primero, porque Cagna no encontraba un lugar en la cancha, porque Cascini se quedaba más en la marca que en la creación y porque Battaglia no encontraba la precisión para encontrar huecos y desprenderse en ataque con pretensiones.
Quilmes quedó aferrado a su esquema. Un libreto que partió del vestuario y que fue cumplido a la perfección. Aunque siempre con la mente puesta en que no lo quiebren, que no lo sorprendan, que los rivales nunca encuentren espacio para el remate y siempre una pierna para chocar.
Con un Barros Schelotto aún falto de fútbol y un Donnet esta vez improductivo, todo quedó en la capacidad de maniobra personal de Iarley. Con decir que lo más peligroso de Boca fue una entrada de Schiavi por izquierda, que hizo estrellar la pelota en el travesaño, es toda una definición. Boca era más por presencia de hombres en campo adversario que por imposición de juego colectivo.
Para males de Bianchi, esta vez no encontró el gol que haga abrir un poco el cerrojo adversario. Por tanto, debió resignarse a trabajar en esa situación. Buscando una y otra vez, pero sin efecto productivo. Dicen que la actuación de los arqueros sirve como elemento de valoración. Si es por ello, el empate queda como «anillo al dedo», que premia la laboriosa estrategia de Quilmes y no premia -por lo menos-el esfuerzo de Boca. Así es el fútbol y por eso tiene tantas variantes y es tan bonito.
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