La legislatura, en el histórico momento de la votación.
La historia tenía que terminar así, el final no podía ser tan previsible: San Lorenzo no es nada sin mística, sin leyenda y sin esa esencia de superación. Después de una jornada llena de rumores, idas, vueltas y maniobras para despistar, la legislatura porteña aprobó la restitución al club de las tierras, su alma, su identidad. Las mismas que habían sido expropiadas de manera fraudulenta por la última dictadura militar.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El calendario dictaminaba que el 22 de noviembre sería el día de la votación. Sin embargo, en la legislatura se estaba cocinando algo diferente a pesar que todos los actores se encargaran de desmentirlo. El boca en boca iba creciendo y muchos no esperaron ninguna señal y se dirigieron para Perú 130 a ver qué pasaba.
La calle comenzaba a tomar un inconfundible color azulgrana. Sin confirmación oficial o certeza de algún tipo, los cuervos empezaron a amontonarse y, de a poco, comenzaron a tomar la parada, creando un clima de fiesta en las afueras de la Legislatura.
Hay personas que no entienden el reclamo, que creen que se trata de un capricho o de otro "logro deportivo". Sin embargo, es algo más profundo, vinculado con la pertenencia: en 1979, el último gobierno militar le obligó a San Lorenzo a vender los terrenos donde se emplazaba el Viejo Gasómetro para abrir una calle por tan sólo u$s 900 mil a dos empresas fantasmas. Un año más tarde, se los venderían a Carrefour por u$s 8 millones. Claramente una estafa
Esto caló hondo en San Lorenzo, que cayó en una profunda crisis económica (de la cual no pudo salir hasta hoy), llegó a perder la categoría y nunca se sintió a gusto en el Bajo Flores, donde actualmente está el estadio Pedro Bidegain. Todo esto fue resquebrajando el alma de los cuervos que vagaba por diferentes rincones de Capital Federal, sin hallarse, con la sensación que les faltaba algo.
Mientras muchos soñaban con títulos y vueltas olímpicas, el hincha de San Lorenzo se ilusionaba con la utopía de derribar el muro de los congelados y recuperar lo que siempre fue el suyo. El fana del "Ciclón" era diferente, y se imaginaba por Inclán de la mano de su padre o de su hijo subiendo las escaleras de una tribuna interminable.
El desahogo final
El Twitter daba el minuto a minuto de lo que pasaba en la sesión: se vota, no, se vota, hay cuarto intermedio... y los papelitos comenzaban a escapar tímidamente de las ventanas del edificio del Gobierno de la Ciudad. Eran señales positivas, pero no definitivas, como la de las luces del establecimiento, que fueron modificadas para formar una bandera azulgrana gigante en la fachada. Era un guiño, una complicidad.
Ya con la calle abarrotada de esos descendientes del Padre Lorenzo Massa, la votación era una cuestión de segundos. Los brazos positivos se alzaron por unanimidad. Entonces, los ojos se humedecieron, las gargantas se secaron y los abrazos se fundieron en una alegría infinita, mezclada con esa sensación de descanso del que sabe que después de 33 años de lucha todo terminó. La mítica frase de Soda Estéreo "Me verás volver" fue la elegida por los hinchas para graficar ese momento de gloria donde la utopía se volvió realidad y el fanal de tantos años de injusticia.
Ya habrá tiempo para discutir qué se hace, cómo y quién pone la plata. Ahora es un momento para que los hinchas de San Lorenzo cierren los ojos, disfruten y se den cuenta que por más imposibles que parezcan, los sueños pueden volverse realidad.
"En el fútbol no se elige un ganador. Ser de San Lorenzo es un interminable sobresalto, una carga que se arrastra en la vida con tanto desconcierto y orgullo como la de ser argentino", Osvaldo Soriano.
Dejá tu comentario