Dos juveniles: Andrés Aimar jugó un tiempo y no lo hizo mal; la sigue Vella
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Los dos pusieron todo lo que tenían para pelear el mediocampo, y de ahí en más buscar posiciones de gol. Se repartieron el juego. El primero en lograrlo fue Newell's, veloz, impredecible en el escalonamiento ofensivo, de un manejo de pelota tan rápido como impreciso. Una circunstancia que hizo que no pudiera llegar al arco de Comizzo en la medida en que se producía un avance tras otro. Para que este andar se hiciera insinuante (que no quiere decir consistente) tuvieron que ver los propios jugadores de River. Ni Garcé (por derecha) ni Husaín (por todo el frente de ataque) ni Cambiasso (por izquierda) acertaban dos pases seguidos como para producir el enlace necesario como para abastecer a un impreciso Ortega, al hermanito de Aimar y al pobre Cavenaghi, que cuando le llegaba la pelota no tenía espacios para el remate.
Se podría decir que en esa parte a Newell's se le hizo fácil hacerse de la pelota, escalonar, pero todo terminaba en la cercanía al área. Simplemente porque Garcé-Ayala y Demichelis-Rojas (hombre fundamental en la estructura de River) cerraban el camino por las puntas y el «ollazo» tampoco parecía un arma adecuada como para vulnerar a Comizzo. Sin embargo, aunque por cercanía al área, daba la impresión de que en cuanto la pelota apareciera un poco al ras del piso por el andar de Poncio y por la importante presencia de Maximiliano Rodríguez (que en el segundo intento mandó la pelota a la red), todo Newell's estaba dispuesto a definir el pleito en pocos minutos.
En verdad nadie (salvo los jugadores) sabe qué pudo haberles dicho Ramón Díaz en el vestuario a los jugadores, pero pasados alrededor de diez minutos todo el equipo cambió de actitud. No fue a pelearle la pelota en el medio sino que puso hombres en campo de Newell's. Esnaider (que tampoco hizo mucho) reemplazó a Aimar y Franco ingresó por Demichelis.
Ortega se retrasó, Cambiasso, Husaín y Zapata comenzaron a hacerse sentir. A hacerse de la pelota en tres cuartos de cancha y con la presencia en el área de Esnaider y Cavenaghi, Newell's ya no sólo tenía seguridad defensiva sino que -para sus males-se había quedado sin salida, sin encontrar otra fórmula que no sea el pelotazo (a veces a cualquier parte) como solución a esa -para ellosinquietante presencia de River en su área.
El empate estuvo cerca del arquero Palos; Grabinsky y Crosa ya no tenían tiempo para pasar al ataque y todo River golpeó. Con desorden, por imposición de fuerza individual que prestancia futbolística en lo colectivo, sin muchas ideas y a veces perdiendo cuando a Husaín y Cambiasso lo tomaban en la salida en un dos-uno, pero fundamentalmente sin el aporte -esta vez-de ese andar endemoniado que puede imponer Ortega, que de tanto padecer pareció que se hizo echar tras un puntapié inútil.
Se podría decir que ése fue el momento donde River -si bien no bajó los brazos-se dio cuenta de que el empate le quedaba algo lejos; ni hablar del triunfo que sólo un milagro podía concederle. River se fue con la cabeza gacha, pensativo, esperando que vuelvan Ledesma, Coudet y D'Alessandro, que no es mucho, pero para este esquema son jugadores fundamentales.
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