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Pellegrini planteó un esquema diferente al habitual en su equipo, con tres defensores y dos enganches, para tratar de ser ofensivo y conseguir los goles que se le negaban desde la ida de Coudet a España. Sin embargo, logró el efecto contrario, porque regaló espacios en defensa y por eso tuvo que retrasar a sus volantes para equilibrar esos errores defensivos que generaba. Para colmo, a los 7 minutos ya ganaba Talleres, con un gol de cabeza de Quinteros, y eso lo desesperó, creando el consiguiente desorden.
River jugó desesperado, sin frenar nunca la pelota, a un ritmo vertiginoso que conspiraba contra la habilidad de sus jugadores. Los enlaces estuvieron desconectados porque se junta-ban con los delanteros en el borde del área y no tenían espacio para generar el fútbol que acostumbran a brindar D'Alessandro y Luis González.
Es cierto que, de todas mane-ras, hubo muchas jugadas de gol, pero el apuro por convertir hizo que no las aprovecharan y cuando el balón iba al arco se encontraba con un rejuvenecido Luis Islas, que las tapaba todas.
En la contra Talleres creó, con la habilidad de La Paglia y Bustos, los espacios necesarios para dejar tres veces a Quinteros cara a cara con Comizzo, una fue el gol y las otras dos se las perdió el delantero casi en forma inexplicable.
Por fortuna para el chileno Manuel Pellegrini (que ya estaba firmando su dimisión), Cavenaghi se acordó cómo se define y por lo menos salvaron un punto...
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