Cuarto gol de River y el festejo tras una victoria contundente. Independiente fue superado en todos los sectores.
River no dejó dudas. Fue ampliamente superior a Independiente y llegó a la punta del campeonato con total justicia. Tuvo actuaciones individuales de gran nivel como Daniel Montenegro y Luis González y un funcionamiento colectivo impecable. Fue firme y seguro en defensa, con dos laterales que se proyectaron permanentemente al ataque. Independiente hizo lo que pudo. Presionó en los primeros 10 minutos en ofensiva, mostrando mucha concentración para tratar de no perder la pelota y como no podía penetrar a la defensa de River buscó rematar de media distancia. Con el primer gol se derrumbó anímicamente y de allí en más no se pudo recuperar.
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A partir del gol de Salas, con una definición impecable por el hueco que dejó Navarro Montoya entre su brazo izquierdo y su cuerpo, River se adueñó del partido y manejó la pelota casi a voluntad. Marcó tres goles en 45 minutos y pudo marcar varios más de haber estado en una buena tarde Fernando Cavenaghi. Luego reguló el ritmo del partido, pero cuando Independiente intentó reaccionar (hubo un gol de penal de Quinteros y dos situaciones marradas por Eluchans y Christian Giménez) le marcó el cuarto gol, como para demostrarle a su rival quién era el que mandaba en el partido.
Montenegro no fue solamenteel estratega del equipo, sino que fue un atacante más (en realidad, el mejor) apareciendo por sorpresa en el área contraria, mientras Marcelo Salas se movió con astucia por todo el frente de ataque, abriéndoles espacios a sus compañeros.
River demostró que es serio candidato. Tiene individualidades de sobra y un planteo táctico ofensivo y abierto que le permite desplegar toda la potencia que posee en ofensiva.
Independiente se dio un baño de realidad y debe replantear sus posibilidades.
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