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Como es habitual en esta versión 2002, River transmitió en el comienzo una imagen pálida y preocupante, pero esta vez culminó pleno de fútbol gracias a las circunstancias de un partido accidentado, que tuvo un claro punto de inflexión.
Este llegó en el minuto final del primer tiempo, cuando Baldassi resolvió expulsar al arquero local Martín Ríos, después de cometerle un penal a Fernando Cavenaghi que no debió haber sancionado, ya que al partir el pase de Esteban Cambiasso el delantero estaba en posición adelantada.
Ariel Ortega puso en ventaja a River, que antes del primer cuarto de hora del complemento cerró el partido con dos tantos de Cavenaghi, la figura de la noche, y otro de Andrés D'Alessandro.
El equipo de Ramón Díaz fue el único de los ochos conjuntos vencedores de la primera fecha que pudo repetir y quedó como único líder con 6 unidades.
El análisis de la abultada victoria "millonaria" no esconde los problemas repetidos que mostró el puntero cuando su rival estaba en igualdad de condiciones.
La expulsión de Ríos, la pérdida de un delantero para que ingresara el arquero Ponzio, el penal y la apertura del marcador, fueron demasiados inconvenientes para Huracán y lo diezmaron para el resto del desarrollo.
Antes de ese minuto final, el "Globo" le había dado lucha a River y hasta se había exhibido mejor en función colectiva a partir de la buena actuación de Daniel Montenegro, quien regresó al club.
El local no sólo llegaba al área de Angel Comizzo sino que además controlaba el circuito futbolístico que intentaba desplegar su adversario con Coudet, Husaín, Cambiasso, D'Alessandro y Ortega en zona de gestación.
River, pese a todo su potencial, tenía la misma carencia de ideas de los últimos partidos y veía cada vez más complicado su acceso al gol hasta el error de Baldassi.
Con el gol de Ortega, la visita logró tranquilidad para replantear el encuentro en el descanso y lo encaró de manera distinta en el segundo tiempo frente a un Huracán herido.
En el primer cuarto de hora, River tuvo el fútbol que le reclama su gente y sentenció la historia con la notable eficacia de Cavenaghi, un juvenil al que no le pesa competir por un puesto nada menos que con Juan Esnaider y Daniel Fonseca.
En ese lapso, Coudet, con dos asistencias al goleador, brilló por el sector derecho, la dupla Husaín-Cambiasso se sumaba al ataque con criterio, D'Alessandro tenía mayor participación y Ortega desnivelaba por todo el frente de ataque gracias a las facilidades que daba la última línea rival.
Cuando D'Alessandro estableció el cuarto gol a los trece minutos, River decidió detener su producción futbolística y Ramón Díaz reservó algunas de sus figuras de cara al futuro. La última media hora decididamente sobró. La única incertidumbre era saber si River convertiría el quinto, que no llegó porque prefirió mantener el control de la pelota con un juego lateralizado.
Mientras se esperaba el final, la parcialidad "millonaria" celebró la recuperación futbolística del equipo que deberá confirmarse en los próximos partidos sin las circunstancias especiales que rodearon a éste.
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