12 de febrero 2001 - 00:00

River y un ataque que resultó mortal

Rievr festejó seis veces frente a Estudiantes
Rievr festejó seis veces frente a Estudiantes
Lo que puede un partido. River cambió de cara y Gallego ahora mirará el futuro con otros ojos y mayor optimismo. El partido inicial de cualquier torneo siempre presenta incógnitas. Mucho más cuando el terreno es resbaladizo y los barras bravas (disfrazados a la usanza del Ku Kux Clan, portando una bandera de Boca) proponían un peso adicional al del propio encuentro.

Las tribunas desiertas decían lo suyo. Ahí seguramente el problema pasaba por esos tres resultados fatídicos con Boca, aunque Gallego hablara de su escasa incidencia. Por esa serie de situaciones este partido era más importante para River que para Estudiantes. Sabían que un resultado adverso podía acentuar una serie de versiones, que no eran necesariamente «caprichos periodísticos». River salía al campo de juego con una carga emocional extra.

Definidas estas situaciones era difícil suponer que el partido tuviera matices diferentes: un principio cauteloso, momentos de incertidumbre por el resultado y un final con algo de saña cuando encontró la posibilidad de llevar el marcador a cifras contundentes. Aun repitiendo que estas alternativas tenían ejecutores distintos cuando la pelota circulaba en defensa y en ataque. En las dos situaciones los jugadores hablaban en idiomas distintos.

Estudiantes, conocedor de estas circunstancias, diagramó un juego con mucha gente en el medio (muy pegada a su líneas de fondo) para no dejarle el manejo a River. No pasó mucho tiempo para darse cuenta que a los platenses les iba a ser difícil contener tanto ímpetu. A pesar de las imperfecciones, que partían de una velocidad que tal vez superaba lo aconsejable para darle destino cierto a la pelota.

Mientras Astrada se plantaba como para hacer frente a cuanto intento procurara Estudiantes, los demás buscaban espacios ofensivos para tratar de desnivelar por superioridad numérica. Hasta que acertó Celso Ayala, que le pegó a la pelota con la nuca para traer una pretendida tranquilidad que duró menos que un suspiro. Dos minutos después un error defensivo permitió a Quatrocchi poner las cosas como en la iniciación.

Tal vez lo mejor de River fue soportar el golpe. Se fue a los vestuarios pensando en encontrarle la vuelta a un juego que hasta ahí no le era favorable. Acertó en la medida en que Saviola encontró «su lugar en la cancha». River dio pronto con la solución, cuando se puso en ventaja y dejó que Estudiantes sea protagonista y fuera a buscar otra vez la igualdad.

Se soltó Ludueña y Cardetti (que amagó con el arco y con el juego de River) empezó a filtrarse en esa defensa que, al adelantarse, esperaba a manera de tándem y permitía que el toque de River comenzara a hacerse eficaz y que las individualidades encontraran huecos, como si estuvieran andando en slalom gigante. River finalmente logró una goleada histórica y siempre un triunfo permite templar ánimos y mirar el futuro con otros ojos, con el de la esperanza.

River: Costanzo; H. Díaz, C. Ayala, Yepes, Sarabia; Coudet, Astrada, V. Zapata, D. Ludueña; Saviola y Cardetti. DT: Gallego.

Estudiantes: Tauber: Quatrocchi, Prátola, Azconzábal; Bezombe, A. Zapata, Bergara, Osorio, Pompei; Farías y Piersimone. DT: Craviotto.

Goles:
PT 21m C. Ayala (R), 23m Quatrocchi (E); ST 2m, 23m y 45m Cardetti (R), 7m Osorio (E), 21m Coudet (R), 27m Saviola
(R).

Cambios: ST 11m Cuevas por Ludueña (R), 16m Aguilar por Bergara (E), 28m Guillermo Pereyra por D. Alvarez (R), 34m Pavone por Pompei (E), 38m Cavenaghi por Saviola (R), 41m Agoglia por Piersimone (E).

Estadio: Monumental.

Arbitro: Sánchez.

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