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25 de mayo 2013 - 16:09

Robben, el héroe que espantó sus propios fantasmas

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Arjen Robben.
Lloró como un nene, recibió las felicitaciones desde cada uno de sus compañeros hasta el del masajista del club, se desparramó en el suelo, se puso de pie en los carteles de publicidad, abrió los brazos y logró redimirse ante 25 mil fanáticos del Bayern Munich: Arjen Robben sepultó este sábado su maleficio en las finales continentales y se convirtió en el héroe de los bávaros, nuevos reyes de Europa.

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Tuvo que pasar tres finales perdidas, tuvo que errar goles de manera imposible, tuvo que fallar penales en tiempo adicionado y tuvo que ser señalado como el culpable de varias derrotas para que el holandés pudiera encontrar su gloria nada menos que en Wembley, la catedral del fútbol, y en la final de la Champions League.

"Esto significa mucho para mí. Realmente no lo puedo creer todavía. Son tantas emociones, esto es increíble", dijo Robben aún en el campo de juego.

Robben marcó a los 43 del segundo tiempo el gol con el que el conjunto dirigido por Jupp Heynckes derrotó por 2-1 a su vecino Borussia Dortmund y ganó el máximo título europeo después de 12 años, y tras haber caído en dos finales en las anteriores tres ediciones. Un "guiño del destino", según palabras del presidente honorario del Bayern, Franz Beckenbauer.

El mismo jugador al que el fantasma de las lesiones parecía perseguirlo hasta su retiro, selló su nombre en la historia del Bayern y hasta fue elegido como el mejor jugador de la final.

Y como si fuera poco, recibió el premio de manos del legendario exentrenador del Manchester United, Alex Ferguson. "Es un gran honor recibir este premio de manos una leyenda", dijo Robben.

"Es mi primer trabajo desde que soy un jubilado. Linda tarea. Felicitaciones, Arjen", dijo Ferguson con su característico humor.

"Cuando el árbitro pitó, pensé: por fin. No puedo describir lo que pasó por mi cabeza. Es tanta la emoción. Para un futbolista, es lo más grande que puede lograr. Escuchar el silbato final y ganar la Liga de Campeones es lo último que le faltaba a muchos de nosotros en la vida. Era nuestras tercera final y no queríamos quedarnos con la etiqueta de perdedores", señaló el delantero holandés.

Robben dejaba así atrás una larga de serie frustraciones.

Fines de mayo de 2010. Robben se presentó en el estadio Santiago Bernabéu como una de las figuras del Bayern de Louis van Gaal. Junto al resto de sus compañeros, el holandés apenas pudo reaccionar ante la maquinaria del contraataque del Inter de José Mourinho. Resultado, 2-0 para los italianos.

Inicios de julio del mismo año. Robben protagonizó el suceso más doloroso de su carrera. En la final del Mundial de Sudáfrica, desperdició de manera insólita dos mano a mano frente a la inmensa figura de Iker Casillas y luego lamentó cómo Andrés Iniesta le daba el triunfo final a España por 1-0 frente a una Holanda desolada.

Mediados de mayo de 2012. El Bayern jugaba la final de la Champions contra el Chelsea en casa y ante su propia gente. Luego de un empate milagroso de Didier Drogba en el final del tiempo regular, el extremo zurdo dispuso en la prórroga de un penal que haría delirar a las decenas de miles presentes en el Allianz Arena. El tiro fue detenido por Petr Cech, que luego se convertiría en héroe de la definición desde los 12 pasos y alzaría a los ingleses campeones de Europa por primera vez en su historia.

El duelo de este sábado parecía prolongar la mala suerte del protagonista del espectáculo. A lo largo de la primera parte, Robben malogró dos ocasiones clarísimas al enviar sendos mano a mano al cuerpo de Roman Weidenfeller. Sonó el silbato para irse al descanso y el "10" del Bayern miró al cielo como si estuviera pidiendo esa bendita ayuda que nunca llega.

Y, por una vez, el holandés apareció en escena en una final para salvar a su equipo. Primero, a los 14 minutos del complemento, para desbordar por la izquierda y asistir a Mario Mandzukic en la apertura del marcador de los bávaros. Luego, para el gol que quedará en la historia del club alemán.

Robben recibió un pase de taco de Ribery, se introdujo entre los centrales rivales y definió con un toque sutil sobre la izquierda de Weidenfeller. Golazo. El festejo sería desaforado y luego, pocos minutos después, habría lugar para las lágrimas y el desahogo. Robben pudo ser, nada menos que en Wembley, el héroe de un equipo campeón.

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