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La zona media en el fútbol generalmente suele erigirse en el engranaje ofensivo de un equipo o el lugar donde los jugadores encuentran el equilibrio para ordenar defensa y ataque. Eso sí, siempre con el objetivo de «mirar el arco de enfrente». Lo contrario sirve de poco, por más que entusiasme un juego con algún toque atractivo en el medio.
Tampoco tiene peso específico cuando los jugadores corren más que la pelota. Sirve para ganar en marca, pero debilita cuando se intenta la creación. San Lorenzo fue -en imagen nada más-un poco superior a Independiente, porque Pombo-Cabrera en la contención y Cornejo-Di Lorenzo en el armado imponían una cuota de mayores fundamentos.
Por lo menos hasta que el debutante Pablo Paz decidió ir en busca de los despejes que salían siempre de los pies de Brandán, con la movilidad de Peckarnik (mejor atacando que defendiendo) y con la presencia que trataban de imponer Javier Díaz y Cuba, sin coseguirlo. Independiente sólo emparejó. Se lo perdió Cornejo y Benito salvó sobre la línea. Era lo más rescatable. Por cierto, muy pocos objetivos serios de triunfo.
Independiente bajó la pelota, trató de juntarse, pero sólo fueron chispazos. San Lorenzo siguió en lo suyo: teniendo la pelota y esperando. Sin embargo, apareció ese debutante chiquilín llamado Nanía, dejó en el camino a tres adversarios y alargó para que Frutos enviara cruzado al gol. Parecía suficiente, pero una pelota que quedó «boyando» tras un córner fue aprovechada por Cristian Gómez para decretar el empate, cuando faltaban apenas dos minutos de juego.
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