San Lorenzo va a dar lucha hasta el final. Es la conclusión final después del excelente triunfo ante River. El equipo está afianzado, armónico en todas sus líneas, con un arquero seguro, una defensa que tiene mucho oficio, un mediocampo con lucha y juega, y arriba, la calidad del eterno «Beto» Acosta que, como los buenos vinos, cuando más viejo, mejor.
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River, en cambio, se despidió del campeonato. Las pocas ilusiones que le quedaban se vieron truncadas por su propio desorden y por las virtudes de un rival que le planteó un partido abierto. Proponiendo un ida y vuelta que determinó un espectáculo diferente, de ésos que se ven cada tanto.
Montillo, por un lado, y Montenegro, por el otro, eran los conductores de dos ataques que se mostraban punzantes y agresivos. Todo era paridad, pero apareció el «Beto» Acosta con una definición exquisita por arriba de la cabeza de Costanzo y puso el 1 a 0.
Poco después, Montenegro se tiró en el área y Baldassi cobró un penal inexistente a instancias de su asistente Gilberto Tadeo, pero el correntino Ramírez remedió la injusticia con una atajada digna de arquero de Selección nacional ante el, hasta ayer, infalible Cavenaghi. Esa atajada fue clave, porque cambió el rumbo del partido. Hizo que San Lorenzo ganara confianza del mismo modo que River la perdía.
Ormazábal, Michelini y Santana comenzaron a ganar en la zona media y ya no hubo ida y vuelta, sino que San Lorenzo atacó más y mejor. Es cierto que River no tuvo suerte en los momentos clave, porque, cuando estaba levantando futbolísticamente y empezaba a dominar el partido, llegó el segundo gol de San Lorenzo que lo terminó de derrumbar. Fue como consecuencia de una gran jugada colectiva que finalizó Montillo quien, tras eludir a Costanzo, envió un remate cruzado que ganó la red.
River siguió luchando -ante el abucheo de su gente y los insultos para su técnico Pellegrini, pero apenas creó una situación favorable y pudo descontar, de pronto, como para darles más emoción a los cinco finales.
San Lorenzo ganó más que un partido. Le ganó a la historia. La que dice que siempre pierde (o perdía) con River. Algo de eso había, porque hacía cinco años que no lo lograba. Ahora -tal vez más que nunca-, puede soñar en darle alcance a Boca. Para ese sueño, ya forjó bases firmes con un equipo que está en su mejor momento y ganó los dos últimos clásicos.
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