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22 de octubre 2021 - 18:26

La película de terror de Tomás Etcheverry: un error, una deportación y un positivo de Covid-19

El tenista platense atravesó una pesadilla en Alemania, donde un detalle migratorio lo dejó encarcelado y luego pudo viajar. Al llegar al país su PCR dio positivo. "No se terminaba más, pero todo quedará en una anécdota", reflexiona.

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Etcheverry dejó atrás la odisea y es puro entusiasmo: "Me rompí el alma entrenando estas cuatro semanas para volver a entrar en ritmo rápido y jugar en un nivel alto".

Prensa Challenger de Buenos Aires

Las películas de terror suelen jugar con la psicología del espectador. Apelan a dominar la mentalidad de quien las ve a través de los sucesos que se proyectan. Escenas de miedo, de angustia, de supervivencia; todo para generar un clima. Luego es tiempo de un final feliz. A veces la realidad se acerca mucho a lo registrado otrora en celuloide. Prueba de ello es Tomás Etcheverry, tenista argentino que vivió su propio thriller en Europa.

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“Por algo pasan las cosas”, suelta el platense de 22 años en diálogo con Ámbito en un impasse del Challenger de Buenos Aires, que se disputa en el Racket Club. Su historia incluye un arresto, una deportación y un testeo positivo de coronavirus.

Etcheverry jugó su último torneo en el Challenger de Banja Luka, Bosnia, a comienzos de septiembre. Tras perder en semifinales ante el luego campeón Juan Manuel Cerúndolo, comenzó su viaje a Polonia. Pero en Alemania todo cambió. Un error lo dejó preso durante un día.

El 138 del ranking ATP había excedido su límite de tiempo en Europa, fijado en 90 días –con un viaje al US Open en el medio-, y las autoridades aeroportuarias de Colonia lo apartaron de la fila y lo esposaron. Quedó detenido 24 horas. Luego comenzó una odisea para volver a la Argentina, con escalas y demoras. Tardó tres días en retornar al país una vez que fue autorizado a volver.

El caos no terminó allí. La película de terror tenía un último acto antes del desenlace final. Al ingresar a Argentina, tres días después de su salida del Viejo Continente, su PCR dio positivo. Pese a los problemas, el pupilo de Carlos Berlocq se da tiempo para un pensamiento a su favor: “Por suerte me hicieron el test, porque sino iba a mi casa y los contagiaba a todos. Seguramente me lo pegué al salir de allá; por todos los líos en los aeropuertos había un montón de personas. En Estambul era infernal la cantidad de gente esperando”.

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El cuartofinalista del Challenger de Buenos Aires – este viernes cayó en tres sets ante el brasilero Thiago Monteiro, máximo favorito del certamen- evoca que nunca se sintió mal y sólo tuvo mucosidad. “En el momento pensaba que no tenía nada. Deportivamente tampoco me afectó, todos los estudios dieron bien”, aclara el tenista de 1,96 metros y un carácter calmo y sapiente.

“Quería que se acabara, estar con mi familia, mis amigos. Fue una travesía que no terminaba más, algo que no me esperaba”, sintetiza Etcheverry, campeón este año de los Challengers de Trieste y Perugia. Hoy elige resaltar el reencuentro con sus seres queridos y las energías renovadas por el mal trago. “Perdí seis semanas, pero quedará como una anécdota”, reflexiona.

Una de las claves en su fatídica travesía fue el momento particular de la Argentina. “Nos complicó que no había vuelos para volver. El país nos ponía las cosas muy difíciles, entonces teníamos que buscar la forma de seguir compitiendo porque sino nos quedábamos atrás. Hubo un montón de gente, fuera del mundo del tenis, que le pasó lo mismo y no había ninguna excepción. Son cosas que uno nunca piensa que le va a pasar”, remarca.

En medio de su odisea entabló diálogo con autoridades diplomáticas argentinas para destrabar su situación y “ver cómo continuar, qué consecuencias tiene y explicar mi situación”. “No lo hice a propósito, quería competir en un torneo ATP y en ningún momento mi intención era quedarme en Europa más tiempo del debido”, apunta.

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Entre prácticas y competencias en la gira sudamericana de challengers, Etcheverry no se queda quieto. Mientras el mundo aún acomoda sus piezas tras la brutal pandemia de Covid-19, él evalúa la forma de sortear las complicaciones y seguir en la ruta.

“Estamos averiguando permisos y visas especiales, pero sólo sirven para un país, no para toda Europa, y demora entre seis y siete meses. Y los calendarios de ATP salen un mes antes, está todo muy complicado y no se puede programar nada”, apunta. El tenis, como todo el deporte y el planeta en general, se sostiene como puede.

“Por suerte pudimos volver a competir. Hay que valorar que podemos hacer lo que nos gusta, trabajamos en momentos que la gente la pasó muy mal”, apunta Etcheverry, hincha de Gimnasia y quien este año ganó su primer partido ATP en Córdoba.

“El tenis tiene un aspecto difícil que son los viajes y hay restricciones. Calculo que en 2022 se va a normalizar mucho más, no habrá tantas complicaciones para viajar. Espero que ya no tengamos que programar semana a semana, si se puede entrar o no a un país o qué papeles se necesitan”, cierra. Lo espera su familia en los pasillos del Racket. Ya no la tiene lejos, ya no está solo.

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