Brasil trató de imponer su estrategia. Fundamentada en la capacidad de Anderson en los dos tableros, la potencia de Sandro a la hora de ponerles «el pecho a las balas» y la capacidad de Marcelinho para darle precisión al juego de conjunto e imponiendo su capacidad goleadora, que generalmente se muestra inquietante. Helio Rubens -su técnicoapeló a Demetrius, a Alex (cuando debió hacer descansar a Marcelinho) y a Anderson, pero a todos les faltó jerarquía para sustentar un resultado positivo.
Se podría afirmar que Argentina comenzó a despegar a partir del final del segundo cuarto. Sustentó sus aspiraciones en la solidez de Montecchia en la base y fue fundamental el ingreso de Nocioni, que contagió a todo el equipo de un temperamento que pone de manifiesto en cada llegada. Un juego que consolidó en la red Oberto primero y Ginobili sobre el final. Con eso alcanzó y sobró para lograr el pasaje a la semifinal, que no se conseguía desde 1950, donde se jugó el primero de los torneos ecuménicos y se logró el único título de Argentina.
Ahora, llega el turno de semifinales. Argentina debe enfrentar nuevamente a Alemania, un rival que los jugadores conocen bien porque debieron enfrentarlo en la segunda etapa, logrando un triunfo contundente.
Dejá tu comentario