Samuel, Cambiasso y González rodean a Hadji. Argentina no tuvo un buen nivel ante
Marruecos, pero ganó sin complicaciones.
Fue más de lo mismo. La Selección argentina ganó y aburrió como parece ser su costumbre y el técnico Marcelo Bielsa se sigue alejando del gusto de la gente, haciendo cambios defensivos en los últimos tres minutos en un partido amistoso en el que el resultado era lo que menos importaba, aunque seguramente lo más trascendente habrá sido el cachet de 920 mil dólares que recibió la AFA.
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El equipo mostró una buena actuación de su línea defensiva, donde se complementaron Samuel y Quiroga con el líbero Roberto Ayala -el mejor jugador de la cancha-pero de allí en adelante fue un equipo previsible: Cambiasso estuvo muy contenido cerca de sus zagueros, Zanetti por derecha y Kily González por izquierda trabajaron más en función defensiva que ofensiva. D'Alessandro tuvo la responsabilidad de crear y juntarse con los delanteros y aunque siempre intentó jugar en paredes cortas, muy pocas veces lo entendieron y se le «arrimaron» para intentar de esa manera rebasar a la defensa marroquí.
Crespo siguió a «contramano de la pelota» como en los últimos partidos y César Delgado se empecinó en tirar centros, tal vez intentando traspasar el cuerpo de los defensores marroquíes. Algo que en física es imposible, por lo que la pelota rebotaba siempre en un defensor.
Solari apareció en los primeros minutos como el «socio» de D'Alessandro, pero fue desapareciendo con el correr de ellos y terminó reemplazado al término del primer tiempo por Riquelme -que cambió posiciones con D'Alessandro-y fue un conductor más criterioso que su compañero, aunque intermitente como todo el equipo argentino.
Marruecos fue un rival tibio, que prefirió ser prolijo a punzante y se dedicó a manejar la pelota en forma horizontal, costándole mucho progresar en campo contrario.
En síntesis, el partido fue un largo bostezo jugado a ritmo de entrenamiento y -por ende-con muy pocas situaciones de gol, el que sólo llegó cuando Kily González aprovechó un error del arquero Lamyaghri, quien dio rebote-ante un débil remate de Crespo. Esta jugada y un remate de media distancia de Riquelme (que el arquero rechazó muy bien) fueron las jugadas más claras de gol.
Las entradas de Placente por Crespo faltando tres minutos y de Gabriel Milito por Cristián González en el cuarto minuto de tiempo adicional terminaron redondeando una imagen negativa de un equipo que no debe pensar en su arco sino en vulnerar al del rival, desdibujando la imagen de un técnico al que los resultados en el Mundial 2002 les fueron adversos y ahora se aferra al triunfo hasta en los partidos que sirven nada más que para probar variantes de juego y jugadores.
Será un partido que no pasará a la historia pero que lo aleja a Bielsa un poco más del simpatizante de fútbol.
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