Al Marius Sumudica, técnico de Rapid de Bucarest, lo invadió una alegría desmedida que desembocó en su expulsión.
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Cuando su equipo anotó un gol en la lucha por no descender, Sumudica salió corriendo y, a lo Diego Maradona contra Perú en las eliminatorias pasadas, se arrojó al césped boca abajo. Luego se arrodillo y gritó de cara a su tribuna.
Cuando el árbitro lo echó por festejo desmedido, el entrenador no tuvo mejor idea que darle la mano, un abrazo y un beso en la mejilla en lo que fue una actitud más alegre que cariñosa.
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