Los jugadores uruguayos en su momento más glorioso.
Los goles de Luis Suárez y Diego Forlán llevaron a Uruguay a su decimoquinto título de la Copa América, una gesta de récord que supera ya a Argentina en el palmarés, en una final que ganó con autoridad a Paraguay.
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Uruguay siempre tuvo un plan en la Copa América. Fue con diferencia el mejor equipo del torneo. Sabe el maestro Oscar Tabárez que no dispone de grandes arquitectos en su centro del campo. Así que recurre al tesón de Diego Pérez, de Egidio Arévalo Ríos y al empuje de Álvaro Pereira, desde la izquierda.
Voltios de energía para que Diego Forlán y Luis Suárez amenicen los partidos, con su talento, su chispa. Integran Forlán y Suárez una dupla extraordinaria. Sin duda, de lo mejor del mercado mundial.
Y a ellos apeló Uruguay una vez más. Forlán, desde su nuevo sitio, más retrasado, pero con hambre de gol. Y Suárez, espectacular, cayendo a la banda derecha, y dando mucho trabajo a Elvis Marecos, a Paulo Da Silva y a Darío Verón en la zaga paraguaya.
Uruguay salió lanzado. Fue a por el trofeo desde el minuto uno. Quiso resolver cuanto antes. Desde el primer remate de Diego Lugano, de cabeza, con penal por mano de Néstor Ortigoza no sancionado, a los dos minutos, a un carrusel de ocasiones que acabaron en los goles. El primero de Suárez, hábil en el área, y el segundo de Forlán, con un zurdazo, marca de la casa, que dejó helado a Justo Villar.
De Paraguay no hubo noticias. Ya tuvo mucha suerte con su pase a las semifinales. Hizo sus deberes al ganar a Brasil en cuartos. Justo Villar poco pudo hacer ante el vendaval de Uruguay, más equipo, más trabajado y con mayor verticalidad.
Lo único potable en Paraguay fue el carácter de Nelson Haedo Valdez. Siempre dio la cara. Un tipo que es capaz de marcar dos goles en el Camp Nou a Barcelona no podía pasar inadvertido. Intentó un gol escorado, uno que sí hicieron Cruyff y Van Basten en su día, pero no llegó bien la pelota al arco de Fernando Muslera.
El meta uruguayo, por cierto, fue el espectador privilegiado en el primer tiempo. Lo vio todo en primera fila, sin agobios. Con el 'soy celeste, soy celeste' de alegría en las gradas del Monumental de River Plate se llegó al descanso.
En el segundo tiempo, Paraguay fue a por todas. Iván Piris y Pablo Zeballos entraron por la banda derecha. Apretó un poco más la selección que dirige Gerardo Martino. Haedo Valdez mandó un balón al larguero, rozado por Muslera, y tuvo sus minutos de dominio.
Martino puso a Marcelo Estigarribia en la cancha. El futbolista zurdo de Newell's ha sido de lo mejor del torneo. Sin embargo, se cayó por sorpresa en los últimos compromisos del once inicial. Martino sacó todo lo que tenía en el banco, incluido Lucas Barrios.
Uruguay sabe, por historia, que las finales no se juegan, se ganan. Hizo su partido en el segundo tramo. Con más ajustes defensivos, más pendientes de no perder el control y saliendo a la contra. Pudo hacer el tercero incluso Suárez.
Ganó el equipo más querido. El más cercano a la gente. Un grupo que adivina el trabajo de un país que con sólo tres millones de habitantes es capaz de pintar la cara a los más grandes. Es la confirmación de un proyecto serio. Con la sub-17 uruguaya en la final del Mundial.
Con el cuarto puesto en el pasado Mundial de Sudáfrica, la nominación de Forlán como mejor jugador. Algo pasa en Uruguay. Algo ocurre en sus despachos y en la dirección de Oscar Washington Tabárez. El modelo funciona.