A 20 años del Plan Primavera
Se cumplieron dos décadas este mes del lanzamiento del Plan Primavera, engendro imaginado por el equipo económico de Juan Sourrouille y José Luis Machinea que culminó acelerando la retirada de Raúl Alfonsín del poder. Vale el recuerdo no sólo por las difíciles consecuencias económicas de entonces, sino también por el efímero curso de triunfador a perdedor que atravesaron Sourrouille y Machinea (creadores del exitoso en su primer año Plan Austral), casi una repetición de cierta saga argentina.
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Casi una imagen de "La última cena" de Da Vinci, así el equipo económico encabezado por Juan Sourrouille, José Machinea,
Adolfo Canitrot y Mario Brodersohn lanzaba el Plan Primavera.
Los derechos de exportación eran de 5%. Para subirlos, Alfonsín necesitaba del respaldo de la oposición que dominaba el Congreso. No podía. Por ello se optó por desdoblar el mercado cambiario.
Los exportadores estaban obligados a vender sus divisas al tipo de cambio oficial mientras que el libre, para importar, era 20% más alto. Eran las pocas alternativas que contaba el gobierno para hacerse de los dólares necesarios para cumplir los compromisos de la deuda externa, reestructurada en 1987; a la vez que servía para apuntalar al sector financiero seriamente golpeado por la fuga de capitales.
Se intentó no congelar los precios, sino, más bien, llegar a un acuerdo desindexatorio con las empresas líderes, que a cambio obtuvieron una baja en el IVA, lo que posteriormente impactó fuerte en la recaudación tributaria profundizando el desequilibrio fiscal.
El objetivo político del plan era estabilizar las expectativas inflacionarias evitando una aceleración irrefrenable, a menos de un año de las elecciones presidenciales. Estos fueron los puntos salientes: . Para estabilizar los precios, se convalidaron los aumentos a julio congelando los valores al 2 de agosto. Se autorizaron alzas de 1,5% en la segunda quincena de agosto y 3,5% en setiembre. Se aplicó un tarifazo en los servicios públicos de 30% y un congelamiento. Se mantuvieron las paritariassin topes (los públicos subieron 25%). Se redujo la alícuota del IVA de 18% a 15% y se permitió desgravar el tributo para la importación de máquinas. Se cancelaron aportes del Tesoro para obras públicas.
Las medidas tuvieron cierto éxito inicial, ya que en diciembre la inflación se mantuvo en un dígito. Pero el plan presentaba dos fuertes debilidades, la escasez de divisas y la incertidumbre política generada por las inminentes elecciones.
Mientras, seguía creciendo el déficit cuasi fiscal a raíz que la emisión monetaria, necesaria para financiar el gasto público, que era luego absorbida por el BCRA mediante la colocación compulsiva de bonos y encajes a los bancos para retirar el dinero de circulación.
En el verano del 89 el colapso era previsible. La corrida se inició a fines de enero, cuando trascendió que el Banco Mundial suspendería su ayuda a la Argentina. En unos pocos días, el Banco Central sacrificó u$s 900 millones de las reservas para sostener el austral. Pero la fuga hacia el dólar continuaba por lo que el 6 de febrero se decidió crear un nuevo mercado cambiario, el libre. Esto fue el acta de defunción del Plan Primavera. El dólar más que triplicó su valor entre abril y mayo.
El sistema de cambios múltiples, usado para impedir el traslado de la devaluación a los precios internos alentaba que los exportadores no liquidaran las divisas. La híper se gestaba. La inflación llegó a 80% en mayo, y el gobierno radical veía escurrir entre sus manos el escaso poder que había logrado retener.




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