La reactivación de la economía dependerá, primordialmente, de cómo se resuelva la reestructuración de la deuda. Esa es una de las conclusiones a las que arribó Ecolatina, quien no vislumbra signos de repunte durante el primer semestre del año y vincula las condiciones de la segunda mitad de 2020 a lo que ocurra con la renegociación: es por eso que estima una caída del PBI en torno al 1,6%.
Advierten que el PBI tendría este año una caída del 1,6%
La consultora sostuvo que la actual crisis es "una de las más profundas y la más extensa". La economía comenzaría a repuntar en el segundo semestre.
-
Trump no despeja Ormuz, pero sí el acceso de Warsh a la Fed
-
Ni Shein ni Temu: la nueva plataforma para compras en el exterior que es furor
“Si la renegociación es exitosa, las decisiones en torno a la política monetaria y fiscal generarían un mayor dinamismo de la demanda interna y una mejora en los niveles de consumo hacía el segundo semestre. De lo contrario, la relajación de la política monetaria generará mayor brecha cambiaria y aumento de los precios, y la política de ingresos no será suficiente para aumentar el consumo”, señaló la consultora, quien de todas formas aclaró: “La mejora de la actividad en la segunda parte del año no logrará compensar la caída del primer semestre -también afectada por el arrastre negativo de 2019- por lo que esperamos que el PBI promedie 2020 con una caída del 1,6% anual, marcando su tercer año consecutivo de contracción”.
En su informe, Ecolatina se pregunta si la reactivación de la actividad es “ficción o realidad”. “La economía argentina aún se encuentra sumergida en recesión. Considerando que la situación económica es compleja cabe preguntarse en qué momento podremos ver signos de recuperación en el nivel de actividad”, sostuvo, para luego realizar una revisión sobre lo que ocurrió en el pasado inmediato: “Desde la primera corrida cambiaria en abril de 2018, la actividad no logró revertir su caída. Más en detalle, desde el pico de actividad alcanzado por el Gobierno de Cambiemos en el cuarto trimestre de 2017, el PBI acumuló en los dos años siguientes una contracción mayor al 7% en términos desestacionalizados, liderada por el desplome de la inversión y el consumo privado”.
Es por eso que considera la actual crisis económica como “una de las más profundas y la más extensa”. “Luego de la crisis de 2001, la única recesión que superó a la actual, en términos de destrucción de producción, fue la de 2008/09. En aquel entonces, la actividad económica se desplomó más de 10% en tan sólo tres trimestres, aunque recuperó los niveles previos a la crisis rápidamente. En cambio, la recesión por la que estamos atravesando lleva siete trimestres y todavía sigue sin encontrar un piso”.
Es en ese escenario que vuelve a plantearse, tal como ocurrió durante el inicio del mandato de Mauricio Macri, la esperanza en el segundo semestre. “Son varios los factores para tener en cuenta a la hora de evaluar si se podrá materializar una reactivación de la actividad hacia la segunda parte de 2020. En este sentido, el resultado de la renegociación de la deuda es uno de los más importantes. Una reestructuración exitosa permitiría otorgar certidumbre a la economía argentina y relajar tensiones en el frente cambiario y financiero”, analizó Ecolatina, quien subrayó que para lograr ese objetivo, “el Gobierno es prudente en términos fiscales con el fin de dar señales a los acreedores”. En ese sentido, “además de aumentar los ingresos a través de una suba de la presión impositiva, se encuentra tratando de resguardar el gasto público (principalmente a través de la seguridad social) para alcanzar un resultado primario sostenible y hacer frente a las obligaciones. En este sentido es que no se espera que el consumo y la inversión pública sean en 2020 motores de la economía”.
Ecolatina también se refirió a la política optada por el BCRA de relajar la política monetaria a través de la disminución de la tasa de interés de referencia y la decisión de mantener “planchado el tipo de cambio oficial”. “Anclar el tipo de cambio recompone el salario en dólares y el menor costo de financiamiento, junto a falta de alternativas de ahorro producto del cepo cambiario, podrían generar que se movilice la demanda interna”, señaló la consultora. Las restricciones de acceso al mercado cambiario podrían generar incentivos para dinamizar la construcción, mientras que los créditos a las pymes para subsidiar la producción podrían activar la compra de bienes de capital. “La inversión podría cerrar el año con una desaceleración en su caída respecto de lo ocurrido en 2019”, argumentó.
Por otra parte, la presión impositiva y la incertidumbre tornan las perspectivas para la inversión “más conservadoras”. A la vez que las mejores perspectivas para la economía brasileña “auguran una mayor demanda desde el país vecino”.




Dejá tu comentario