1 de marzo 2001 - 00:00

Aftosa: más que un plan de vacunación

A una década de iniciado el plan de lucha contra la fiebre aftosa y ante el estado sanitario actual, me permito reiterar las críticas sobre el planteo epidemiológico que, en ese entonces, como ahora se demuestra, califiqué de caro, prolongado y de resultados inseguros. Sin ánimo de hacer llorar sobre la leche derramada, quisiera aportar ideas que considero oportunas. En aquellos momentos, cité una frase de Séneca: «El tiempo descubre la verdad». Hoy más que nunca, tiene actualidad. No sólo porque las autoridades gubernamentales, como las autoridades rurales y muchos productores, pretendiendo defender un status sanitario internacional, ocultaron una verdad por todos conocida, sino porque, además, se demostró con el tiempo que la vacuna sola no es una herramienta que nos libra en forma definitiva del problema.

La epidemiología, aunque sea veterinaria, es una especialidad muy compleja y no puede ser manejada alegremente con sentido político o comercial por autoridades y organismos sanitarios (SENASA), en colaboración con las fundaciones locales o regionales, apoyadas, además, por las asociaciones gremiales del sector (CRA, SRA, FAA, etc.). Tampoco, a través del periodismo escrito, radial y televisivo que repite y juzga sin conocimientos técnicos suficientes.

Ningún país logró erradicar la aftosa sólo vacunando. Australia, hace más de 100 años, y posteriormente, Estados Unidos, México y Canadá lo hicieron sólo con el rifle sanitario.

Países europeos y sudamericanos como Chile y Uruguay aplicaron vacunas y luego repasaron con la matanza de animales y clausura temporaria de todo movimiento en zonas afectadas.

Uruguay y Brasil, meses atrás, ante la aparición de brotes en zonas de frontera común, no se culparon entre sí y actuaron conjuntamente controlando la infección. En el caso argentino, de la mano de autoridades poco experimentadas (la especialidad del doctor Bruni es la avicultura, que tampoco la ejerció), se trató de ocultar primero para luego culpar a vecinos (Paraguay) o acusar de contrabandistas a comerciantes del sector ganadero, sin pruebas concretas de tales hechos.

El virus de la aftosa tiene gran capacidad de resistencia en el medio ambiente y, además, puede estar presente en animales silvestres, el jabalí, por ejemplo, o en un animal muy difundido en zonas del norte argentino y poco mencionado como vector asintomático: el búfalo.

Sintetizando, analizaré cuál sería el plan a seguir, según mi criterio, para controlar y tratar de erradicar el problema.

Alternativa A

Vacunar indefinidamente en forma anual a toda la hacienda del país proveyendo gratis la vacuna a los ganaderos, sean grandes, medianos o pequeños, con vacuna adquirida por licitación internacional y distribuida a través de agrupaciones gremiales, rurales, cooperativas, etc., como también por veterinarios oficiales y de registro. El costo se cubriría con un impuesto adicional en la guía de venta o traslado de hacienda. Además, a partir del tercer año de lucha, aplicar el rifle sanitario sin indemnización, dado que la vacuna confiere inmunidad suficiente por un año, como para responsabiliza al dueño de los animales por la ruptura de la misma y por la no denuncia inmediata del problema. Luego del primer año, y hasta el tercero, aplicar el rifle sanitario tratando de evitar la diseminación del virus, con el aislamiento cuarentenario de máximo rigor, pagando las indemnizaciones correspondientes.

Alternativa B

Dado que actualmente el problema es grave, aunque zonificado, otro modo de actuar sería: ampliar la zona de control denominada «riesgo intermedio», vacunando en ella por dos períodos semestrales.

Luego, actuar con el rifle sanitario y la cuarentena necesaria sin vacunación, pero indemnizando.

En la zona de control fronterizo, deberá vacunarse impidiendo el movimiento de hacienda hacia el Sur, más allá del límite del Chaco y Santa Fe, incluyéndose los animales para faena inmediata. Una vez controlada la sanidad de las provincias fronterizas, actuar con el rifle y la clausura de los establecimientos afectados, con rigor, indemnizando en todos los casos.

¿Cómo financiar los gastos?

Igual que con el plan de vacunación '90'98, en lugar de pagar vacunas y gastos de aplicación, que demandaron a los productores más de 100 millones de pesos anuales (quizá 150), gravar con 2 pesos/cabeza las guías de invernada y/o faena, con lo que se recaudarían más de 25 millones por año, suficiente para financiar el proyecto en el largo plazo.

Como el primero y segundo año, tal vez sea mayor el gasto que la recaudación, se puede recurrir al BID (Banco Interamericano de Desarrollo) por un crédito que se amortizaría fácilmente a partir del cuarto o quinto año de ejecución.

El Estado ahorraría dinero, y el productor sólo gastaría con los animales que vende. En el caso de los tambos, se aplicaría un gravamen mínimo sobre la leche.



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