17 de febrero 2005 - 00:00

Al estatizar el Correo, este gobierno olvida el drama YPF

En el desarrollo de Japón se fijó, a partir de los años '50, mantener en la órbita del Estado las empresas hasta que dieran ganancia. Allí, ya rentables, las vendían muy bien a privados y el Estado recuperaba, muy habitualmente, lo que le había costado al erario público reflotarlas o crearlas. En esta época, el gobierno argentino quiere privatizar LAFSA (ex LAPA y ex DINAR), pero a la inversa: porque da pérdidas. Cuesta en salarios, para que el personal vuele para Southern Winds, de 4 a 6 millones de pesos por mes, más un subsidio en combustible a SW de otros 4 millones de pesos también por mes. Para colmo, la empresa Southern Winds hace contrabando de droga como se conoció en estos días y afectó gravemente la imagen del país. Pero el gobierno avanza con el estatismo por varios lados, por ejemplo, con el Correo por una supuesta ganancia operativa de 98 millones de dólares. No paga canon -como se le pedía al concesionario privado-, no recibe pagos por los servicios postales a otros organismos estatales, aumentó el número de personal, también de sindicalistas, no realiza inversiones en equipos que le permiten competir con los mucho más eficientes correos privados. Una «ganancia» así es una utopía empresaria. Este brote estatista del gobierno Kirchner -aunque no sea cierto que el Estado vaya a tener también 20% de la empresa privatizada Aeropuertos 2000- se analiza en dos notas.

Daniel Montamat
Daniel Montamat
La iniciativa oficial de no volver a privatizar el Correo Argentino reabrió el debate sobre las ineficiencias y la corrupción que tenían esas compañías antes de las privatizaciones de los '90. No obstante, entre los economistas hay ahora una mayor tendencia a no adherir a dogmas: ahí está el caso de la norteamericana Enron o del grupo Royal Dutch-Shell para demostrar que no todo lo privado es transparente, y también se admite que no necesariamente una empresa estatal debe ser ineficiente, aun cuando se reconoce que es más fácil detectar los delitos cuando una empresa cotiza en la Bolsa, y que una compañía pública es más vulnerable a los favores políticos y a las presiones ajenas al negocio en sí mismo.

En la Argentina, el caso más emblemático es el de YPF. Muchas veces se dijo que «fue la única empresa petrolera en el mundo que dio pérdida».

Aunque el dato es en sí mismo cierto, estimándose que las pérdidas de la petrolera estatal alcanzaron $ 1.500 millones (a valores de 1997), hay coincidencia en que YPF fue objeto de un latrocinio en el que coincidieron los contratistas y proveedores, el sindicato, los amiguismos de la cúpula de turno, y hasta la necesidad de financiamiento del Estado contrayendo deuda externa.

Es cierto también que en un país semipoblado y sin infraestructura, cuando YPF descubría petróleo, para extraerlo debía levantar casas para los operarios, llevar electricidad, construir caminos, escuelas y, en algunos casos, hasta cines.

Pueblos enteros surgieron alrededor de los yacimientos, y muchos de ellos son ahora, ya consumido todo el petróleo, los llamados «pueblos fantasma», de donde surgen los primeros piqueteros que cortaron rutas para llamar la atención, lejos en un principio de los líderes que hoy trasladaron ese modo de operar a Capital Federal y Gran Buenos Aires.

• Endeudamiento

El ex secretario de Energía Jorge Lapeña, que ocupó esa función durante el gobierno de Raúl Alfonsín, cuando la Argentina empezó a abrir significativamente la actividad petrolera a las empresas privadas, dijo que «debe desmitificarse que YPF fue la única petrolera que daba pérdida, hubo años en que perdió y muchos otros en los que tuvo ganancia». Recordó que «la empresa fue usada a principios de los '80 para que el Estado se endeudara con el exterior, de modo que la petrolera pagaba los intereses y se quedaba con el pasivo, mientras los fondos no estaban destinados a su operatoria».

A fines de 1990, según consta en un informe elaborado por Carlos A. Olivieri, ex director de YPF hasta 2000, «el valor de YPF era en su conjunto de $ 4.000 millones, excluidas las deudas financieras que pesaban sobre ella». En tanto «la deuda externa era de unos $ 4.300 millones, que en el mercado valían menos de $ 2.000 millones».

Olivieri agregó que al comenzar el proceso de saneamientoprevio a la privatización,«el Estado capitalizó esa deuda en YPF, la tomó sobre sí integrándola a la deuda externa refinanciada a través del plan Brady».


Consultado por este diario, Daniel Montamat, que fue presidente de YPF en 1988 -uno de los años en que el balance dio resultado positivoenumeró las razones por las que YPF daba pérdida, y que se comentan a continuación:

• Como empresa estatal, tenía las restricciones que imponía cada gobierno. Pero, en todos los casos,
YPF no tenía precios internacionales, sino precios oficiales y unificados para el petróleo y los combustibles. Cuando se trata de una empresa estatal, y sobre todo en épocas de inflación, la tentación es retrasar los precios, con lo cual ya no se puede operar sobre la variable precios.

• Pero tampoco se podía actuar libremente desde el management del lado de los costos. Los costos laborales no eran los más importantes, porqueaunque había un exceso de personal (de 50.000 empleados pasaron a 5.000 durante la gestión de
José Estenssoro), el peso de los salarios nunca superó una incidencia de 20% en el costo total.

Uno de los problemas más serios es que YPF producía 70% del petróleo, y otro 30% lo producían contratistas de servicios que cobraban el producto según el precio internacional y de acuerdo con cláusulas de ajuste por inflación. De este modo YPF pagaba ese petróleo a un valor más alto del que lo vendía en la mesa de crudo a las refinerías privadas, y a su vez los combustibles que producía en sus refinerías debía venderlo al público a valores oficiales
.

• «Compre nacional»

El management tampoco podía modificar la relación con otros proveedores, ya que las compras debían sujetarse al «compre nacional» desde los caños hasta los alimentos.

• Sin manejar precios y costos, YPF tenía además fuertes restricciones para tomar decisiones sobre el personal.

Había un sindicato con enorme poder y más estable que las sucesivas direcciones de la empresa que coartaba cualquier medida de racionalización. Había más personal en administración que en los pozos, y el más formado terminaba yéndose al sector privado porque el sindicato imponía de hecho un techo salarial
.

• La inversión estaba direccionada políticamente. Aun en zonas donde YPF no operaba, se hacían obras con recursos de la empresa, que reemplazaba al Estado ausente.

• Los gobiernos militares en particular endeudaron a YPF porque tenía un patrimonio para ofrecer como respaldo, y la empresa debió pagar intereses financieros durante muchos ejercicios, sin que los recursos se hubieran orientado a su operatoria.

• Por el contrario,
el presupuesto de YPF había que discutirlo con el Tesoro nacional, lo que implicó una permanente injerencia política. No es el caso de otras petroleras estatales como Petrobras, a las que se deja gestionar con un razonable grado de libertad, y después parte de esa ganancia va para el Estado y parte se reinvierte.

• Todo el gas que se vendía a Gas del Estado debía hacerse al precio oficial, y la cobranza era prácticamente imposible, por lo que
invertir en gas era una carga para YPF. La empresa además tenía que abastecer con combustible a todas las dependencias oficiales que no pagaban, de modo que se constituían créditos incobrables contra el Estado.

Según Montamat, «YPF terminó siendo una caja negra de partidas presupuestarias: cada dependencia decía haber cumplido su presupuesto pero no le pagaba a YPF, y cuando las cuentas están oscuras el terreno es propicio para la corrupción ya sea en pequeños o grandes hechos, y a esto también contribuía la injerencia estatal, el sindicalismo y la falta de controles externos».


Por su parte, Lapeña aseguróque la performance de YPF en exploración fue más alta que la de todas las empresas privadas en los últimos diez años. Dijo que YPF estatal hacía 115 pozos de exploración por año, en promedio, mientras en la última década se hacen menos de 20.

Lapeña no atribuye esto, sin embargo, a las empresas privadas. Cree que falta una legislación clara que estimule a invertir en exploración. Por otra parte, a la YPF estatal, hasta los '80 por lo menos, cuando tenías recursos y no debía mendigar en el Tesoro, nadie le pedía cuentas sobre sus inversiones, como hoy podrían hacer las casas matrices de las petroleras que operan en nuestro país.

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