9 de agosto 2001 - 00:00

Alfonsín tiene in péctore sucesor de Cavallo: Remes

Si Domingo Cavallo estuviera al tanto del dato que circula, indudable, en las proximidades de Raúl Alfonsín, cuando se encontró el martes con el ex presidente en el despacho de Patricia Bullrich no hubiera estado tan afable. Porque el proyecto de «gobierno de unidad nacional» que promueve el jefe del radicalismo supone, como una de sus condiciones, el reemplazo del ministro de Economía. Alfonsín ya guarda «in péctore» el nombre de quien sucedería a Cavallo si su fantasía de pacto con el PJ se viera realizada: se trata de Jorge Remes Lenicov, actual diputado nacional del peronismo y titular de Economía en la provincia de Buenos Aires durante el gobierno de Antonio Cafiero y buena parte del de Eduardo Duhalde.

La predilección de Alfonsín por Remes tiene múltiples causas. Primero: se trata de un peronista, condición clave para quien piensa que sólo bajo el formato del cogobierno habrá una salida para la crisis actual.

Segundo: además de peronista, Remes es bonaerense y duhaldista, a tal punto que encabeza la lista de diputados que ofrecerá el PJ de la provincia en octubre. Como se sabe, Duhalde es un vértice principal del pacto que auspicia Alfonsín y no sólo porque comparte con el ex gobernador del PJ una visión similar de la economía. La confraternidad con este sector de la oposición le permitiría a Alfonsín, además, acotar la disputa electoral en el distrito en el que él mismo debe representar a un gobierno que lo seduce cada vez menos. No hay que olvidar que competirá con Duhalde por la senaduría y que Remes tendrá su duelo con Leopoldo Moreau por la primera diputación.

Tercero: para Alfonsín existe una línea Duhalde-Remes (es evidente que ignora la distancia que existe entre ambos en materia económica) que garantizaría que la Argentina no irá hacia la dolarización si se aproxima el colapso. Para él es el mayor de los fantasmas. En rigor, y aunque no lo diga públicamente, el ex gobernador bonaerense está a favor de la devaluación, siempre que la haga otro (no tanto por razones técnicas, sino porque entiende que esa receta es la antítesis de la dolarización que defiende Carlos Menem, a quien odia).

Panacea

La cercanía de Duhalde está en el corazón del proyecto de «gobierno de unidad nacional» que propone Alfonsín. Su panacea sería que esa invitación sea aceptada por el peronismo antes de las elecciones. De ese modo, el ex gobernador se convertiría -éste es el plan no confesado-en jefe de Gabinete de Fernando de la Rúa, y Remes, en su ministro de Economía, con una ventaja inocultable: no habría candidatos a quienes enfrentar en Buenos Aires, donde se realizará una elección que no deja dormir al caudillo de Chascomús. Pero hasta al mismo Alfonsín, que es terco con sus fantasías, le parece demasiado pedir: por eso habla del pacto político a sabiendas de que, si tuviera alguna posibilidad, ésta aparecería después de los comicios de octubre.

De cualquier modo, todo este andamiaje tiene una limitación inocultable: la voluntad de De la Rúa. A pesar de que Alfonsín le explicó a Chrystian Colombo (el viernes, durante un almuerzo) que sus ideas son para colaborar, nadie puede ignorar que al hablar de que hace falta un «gobierno de unidad nacional» está suponiendo que el actual no lo es, a pesar de lo que dice el Presidente en contrario. Esta diferencia de criterio acerca de lo que es la unidad nacional o de lo que es el gobierno actual ha abierto una nueva brecha en la administración, por la que se volvieron a filtrar quienes aconsejan a De la Rúa una ruptura final con Alfonsín.

Que el idilio entre Alfonsín y Duhalde se consume en una agresión a Cavallo no deja de ser una paradoja de esas que permanentemente ofrece la historia. Cuando llegó al gobierno actual, el ministro imaginó un acuerdo electoral con Duhalde, y esa hipótesis entusiasmó al gobernador. La víctima de ese pacto, que ellos mismos ventilaron en un restorán de Barrio Norte, sería Alfonsín, quien debería enfrentar a ambos en la provincia. Ahora aquel revólver cambió de manos y se apunta contra Cavallo, empuñado al mismo tiempo por su socio de hace cuatro meses y por su permanente adversario.

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