25 de enero 2005 - 00:00

Aquí acordaría sólo más foros teóricos

El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, estará en la Argentina menos de 24 horas y actualizaría hoy con el presidente Néstor Kirchner foros caídos, como uno que viene de la época de Alfonsín. La corta estadía no es sólo porque necesite volver rápidamente a su país por el debate de la autonomía vasca. Es que al ibérico también le interesan sobremanera otras visitas -quizá más que aquí- en el Cono Sur. Arribará procedente de Brasil, donde se encontró con Lula da Silva, y parte hacia Chile, para entrevistarse con Lagos, ambos presidentes con gobiernos más afines en su economía al socialismo español que nuestra defaulteada Argentina. Sí tendrá tiempo Zapatero para conversar con Kirchner sobre un tema que le preocupa tanto como a su colega Chirac: Aguas Argentinas, empresa en conflicto con el gobierno local que no sólo cuenta con capitales franceses, sino también catalanes (en esta globalización del mundo que, alguna vez, sorprendió al poco entendido Eduardo Duhalde). El mandatario argentino, por su parte, bregará por inversiones -sin hacer mucho por seducirlas- y por apoyo en materia de canje de deuda. Ni siquiera el español tendrá tiempo para visitar el glaciar santacruceño ni tanguerías, esto en caso de que quede alguna abierta en Buenos Aires luego de las clausuras.

José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente del gobierno español, prometió hacer otro viaje a Sudamérica antes de salir hacia Brasilia. Tan breve es éste que realiza y que lo traerá hoy a Buenos Aires, después de dejar inaugurado un consulado general de su país en San Pablo.

En su visita, Zapatero se entrevistará con Néstor Kirchner, también con empresarios del país, será agasajado por el gobierno en una cena en el Palacio San Martín, y mañana por la mañana, antes de marcharse rumbo a Chile, recibirá a representantes de las colectividades españolas con asiento en la Argentina.

Desde el punto de vista diplomático, el premier socialista anunciará la constitución de una «alianza estratégica» con la Argentina. Es exactamente lo que anunció José María Aznar en noviembre de 2003, pero en aquel caso para exhibir la fraternidad de España con Brasil, que tiene al país de Zapatero como el segundo inversor externo. En el caso de la Argentina, se hablará de reactivar el Tratado de Cooperación de 1988 (tiempos de Raúl Alfonsín y de Roberto Lavagna en la Secretaría de Industria), que contiene capítulos sobre distintas áreas de asociación.

• Documento

Zapatero, a diferencia de lo ocurrido en Brasil, no visitará ni el Congreso ni la Corte, y tampoco tendrá una comida privada como la que le ofreció Lula da Silva el domingo por la noche.

Sí habrá un documento conjunto, denominado « Declaración de Buenos Aires», a través del cual se anunciará la revitalización del tratado de tiempos de Alfonsín.

La brevedad del viaje de Zapatero está determinada por el debate sobre las autonomías que se abrió en España, sobre todo, por la aprobación del plan secesionista de Juan José Ibarretxe, en el Parlamento vasco. Ahora, el Congreso deberá ratificar o corregir ese programa. De no haberse desencadenado esta crisis, que «The Wall Street Journal» describió como «la peor desde la restauración de la democracia en España», Zapatero podría haber recorrido las calles de Buenos Aires y hasta visitar un local de tangos (siempre que no lo hubiera clausurado Juan José Alvarez).

En cambio, quedó vigente un anuncio especialmente grato para los socialistas españoles y también para los argentinos que se les quieren asimilar, como la primera dama. Se trata de establecer una sección argentina del Foro de Barcelona, que permita el debate con categorías de centroizquierda de todas las formas de organización social, sobre todo las económicas. La conversación entre Kirchner y Zapatero versará seguramente sobre inversiones españolas, especialmente sobre las ya existentes y amenazadas ahora a partir del caso Aguas Argentinas (ver aparte).

También estará presente, aunque no formalmente, el problema de la deuda y la oferta que la Argentina realizó a los acreedores privados. El gobierno espera que Zapatero aplique su afinidad con el gobierno de Gerhard Schröder, su colega alemán y socialista, para que fije una posición más flexible frente a la quita que pretende la Argentina.

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