16 de febrero 2005 - 00:00

Arbol en la terraza

La partida de la Banca Nazionale del Lavoro marca un nuevo capítulo de la gradual pero incesante retirada del mercado argentino por parte de entidades extranjeras. Al banco italiano lo precedieron el francés Crédit Agricole (que «abandonó» el Suquía, el BERSA y el Bisel), el austríaco Creditanstalt (Interfinanzas), el canadiense Scotiabank (había comprado el Banco Quilmes), el británico Lloyds y el francés Société Générale, entre otros, sin contar entidades de «segundo piso» y representaciones menores.

La BNL había llegado al país en 1985, cuando abriera su primera sucursal en Florida 40 (actual sede de su casa matriz); permaneció con una sola casa hasta que en 1987 le compró al Banco Central los activos del fallido Banco de Italia y Río de la Plata, que fuera de la familia Gotelli y que estaba intervenido desde hacía tres años. En realidad, sólo se quedaron con su red de 88 sucursales, que con los años llegó a las actuales 107 (vendidas ayer al Hipotecario).

• Tarjeta

La BNL, como recordarán algunos memoriosos, lanzó por ese entonces un producto denominado «Oasis», una tarjeta de débito y crédito destinada a competir con los pocos medios de pago que existían en el mercado, promocionada con el cultivo de un árbol en la terraza de la sede de Florida (se secó).

Sin embargo, y dado que el producto fue poco menos que un fracaso, poco después se convirtió en el principal accionista de Argencard, la licenciataria de la marca MasterCard para el Río de la Plata. En 1995 la BNL le vendió sus acciones en Argencard a The Exxel Group, que la conserva hasta hoy (de hecho, es uno de los únicos activos de los que el fondo de Juan Navarro no debió desprenderse).

En la actualidad el grupo que controla a la BNL está encabezado por el español BBVA, acompañado por el grupo italiano Generali -que hace algún tiempo vendió su participación en otra entidad argentina, La Caja- y un empresario dueño de una de las principales marcas de moda de Italia. Esta alianza se denomina «Il Patto» («El Pacto»), al que se le opone otra autodenominada «Il Contrapatto» («El Contrapacto»), conformada por un grupo de constructores y concesionarios de redes viales. Hace algunas semanas, el empresario Francisco Macri adquirió cerca de 4% de la BNL (cabe apuntar que tanto el «Patto» como el «Contrapatto» no superan cada uno de ellos 25% del capital accionario de la entidad) y adhirió en principio a «la oposición», lo que se interpretó aquí y allá como un intento por retornar a la actividad bancaria en la Argentina. Sucede que Macri había sido accionista minoritario del Banco de Italia y Río de la Plata, pero se había retirado muchos años antes de que sus problemas provocaran la intervención del Central y su posterior venta a la BNL. Para el empresario, quedarse con la filial local de la BNL habría sido una especie de revancha a casi 30 años de su retiro. No podrá ser: IRSA venía negociando con el « oficialismo» desde mucho antes, e hizo valer ese «approach» previo. De hecho, en el mercado financiero se comentaba ayer que la movida de Macri habría acelerado los tiempos de la venta.

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