25 de julio 2001 - 00:00

Artana: "Hay que atacar los privilegios de los políticos"

Artífice del recorte de gastos nunca implementado durante el paso de Ricardo López Murphy por el Ministerio de Economía, el economista Daniel Artana consideró como «la única salida» la iniciativa de déficit cero para las cuentas fiscales, aunque también planteó objeciones: «Sería bueno que alguna vez ataquen a los privilegios políticos en vez de seguir subiendo impuestos».

El economista de FIEL descartó que la Argentina pueda crecer este año, aunque lo consideró el mal menor: «Estamos resucitando al muerto», aseguró, agregando que «es clave evitar que la Argentina entre en una recesión profunda, como les sucedió a países que entraron en default».

Periodista: ¿Cómo compara este ajuste de Cavallo con el que intentó hacer López Murphy en marzo?

Daniel Artana: El recorte que propusimos en marzo llegaba a los u$s 2.500 millones. A eso deberíamos sumar la reforma administrativa, que implicaba un ajuste adicional de u$s 3.000 millones, pero a partir de un año y medio. Era un ajuste pensado por el lado del gasto, no afectaba jubilaciones ni salarios estatales, sino que atacaba los privilegios políticos.

P.: Pero aquel plan también consistía en despedir una gran cantidad de empleados públicos. ¿No es eso todavía más duro que la actual propuesta?

D.A.: En la primera parte no se tocaba ningún puesto. Las estimaciones que habíamos hecho después implicaban una reducción de 90.000 personas. Estaba previsto un largo período en donde se mantenía el sueldo y reentrenamiento, la gente no quedaba rápidamente en la calle.

P.: ¿Cómo explica las pérdidas de empleo del sector privado, que ascienden a casi 600.000 en dos años?

D.A.: La caída del empleo se produce porque el Estado se fue quedando sin financiamiento y tiene que ajustar. Hasta ahora, ese ajuste lo hicieron los privados, mientras que el sector público contribuyó poco.

P.: ¿Comparte el planteo de déficit cero?

D.A.: Es importante haber impuesto este principio. Es lógico que existan dudas, porque hay que ver si somos capaces de cumplirlo. En 1999 aprobamos la Ley de Convertibilidad fiscal para alcanzar el equilibrio de las cuentas en 2003 y un año después la cambiamos. Lo que se está aprobando ahora tiene alguna credibilidad, pero no toda la que debería.

P.: ¿Se puso nuevamente mucha presión al sector privado para equilibrar las cuentas?

D.A.: Al hacer la reducción del déficit por el lado de la presión tributaria, se soluciona el problema de solvencia fiscal, pero se complica el de competitividad. Es importante el compromiso por cerrar las cuentas. Lo que no me gusta es que haya habido apoyo para seguir subiendo impuestos y no para cortar la infinidad de privilegios que sigue habiendo en la política, como los ñoquis de Franja Morada en la Universidad de Buenos Aires o las pensiones graciables para familiares de legisladores y jueces. Esperemos que alguna vez les toque algo a los pecadores y no paguen siempre los justos.

Límite

P.: ¿Podría haberse reemplazado el aumento de los costos laborales por algún otro impuesto?

D.A.: Ya llegamos a un límite donde cualquier cosa que se haga implica un problema. Es una fantasía creer que la suba de aportes a las empresas de servicios afectará a los dueños de las empresas. Lo más probable es que lo termine pagando el consumidor, porque las compañías tienen distintas formas para trasladar el mayor costo. A veces se legisla con un poquito de superficialidad.

P.: ¿El argumento es gravar a los sectores que ganaron más en la década pasada?

D.A.: Este argumento sobre quiénes ganaron más o menos en la década del '90 es muy difícil saberlo, salvo que se crean Dios y puedan determinar quién gano más y quién menos. Los que ganaron mucho, en todo caso, pagarán más Impuesto a las Ganancias. Si no gana nada, no lo paga, y si gana mil millones, tiene una alícuota de 35%.

P.: ¿Hay chances de reactivación económica hasta fin de año?

D.A.: La actividad seguirá deprimida en los próximos meses. Lo más importante ahora es evitar que la Argentina entre en una recesión profunda como sucedió en otros países que ingresaron en default. En el mejor de los casos, la Argentina puede dejar de caer hasta fin de año. No tenemos que alarmarnos, estamos resucitando al muerto. Es fundamental plantear reglas de juego más permanentes, porque si la gente vive con un sueldo móvil, es muy difícil que recupere la confianza.

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