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El beneficio para las empresas que comenzaron a importar azúcar brasileño radicaría, además de la situación cambiaria, en el cruce de dos situaciones que complicarían a los productores locales. Por un lado, todo fabricante de ese insumo en Brasil está subsidiado por el programa de alconafta, cuya materia prima es la caña de azúcar. Esto sin importar si el destino final del ingenio sea producir ese combustible o azúcar. A esta situación se suma que últimamente también se subsidia indirectamente el transporte de azúcar desde el Mato Grosso vía fluvial con destino al puerto de Rosario. Con este mecanismo el precio de la tonelada terminaría siendo definitivamente más barato. Como además si la empresa que importó el producto (como es el caso de Arcor) la utiliza como insumo y no como consumo final y procesa el commodittie 6 meses después de ingresarlo, no paga el arancel de 35% que debe tributar si lo comercializaría dentro de la Argentina.
El temor de los productores argentinos es que esta operación se generalice y provoque que el mercado de venta como insumo industrial quede lentamente en manos de los brasileños.
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