23 de marzo 2001 - 00:00

Aumentar los aranceles es una política de Hood Robin

Aumentar los aranceles es una política de Hood Robin
Nuevamente volvemos al tema de la competitividad. Según parece, ése sería el justificativo para aumentar los aranceles a los bienes de consumo y, además, priorizar la rebaja de impuestos a los sectores de bienes comercializables. Es cierto que, en el período 1996-98, la apreciación del dólar (nuestra moneda a partir de la convertibilidad) implicó una fuerte pérdida de competitividad. Esto se puede observar en el gráfico que se acompaña, donde se compara la evolución del índice de precios mayoristas (que es el que reciben nuestros productores de bienes comercializables internacionalmente) y el indicador de los precios al consumidor de los servicios y bienes domésticos (que es una medida de la evolución del costo que pagan por producir en el país).

Lo interesante es observar que desde principios de 1999, la pérdida de competitividad se viene revirtiendo debido a la suba de los precios internacionales (por depreciación del dólar) y por un proceso deflacionario interno (por la recesión que vive el país desde mediados de 1998). Para adelante es esperable que la depreciación del dólar continúe; por lo que la competitividad argentina debería seguir recuperándose.

No obstante, el nuevo equipo económico ha decidido negociar con nuestros socios del Mercosur la posibilidad de subir los aranceles a la importación de bienes de consumo. El objetivo sería proteger a los sectores productores de bienes importables del «atraso cambiario» y, de esa forma, aumentarle la demanda e incrementar el empleo.

Por ello, es interesante analizar cómo funciona un arancel a un bien importado. Dado que para traerlo del exterior hay que pagar el precio internacional más el impuesto aduanero, el productor local puede cobrar en el mercado interno dicho valor externo más el equivalente al arancel.

Subsidio

Este sobreprecio es un subsidio que le pagan los consumidores directamente al bolsillo del empresario privilegiado por la medida. La primera pregunta que surge es por qué los consumidores deben subsidiar a dichos empresarios para que ganen más plata. En realidad, los empresarios deberían ganar plata porque cumplen con su rol social que es ser eficientes y competitivos para proveerle a la comunidad los mejores bienes y servicios al precio más bajo posible. Esto es lo que hace que una sociedad pueda incrementar su bienestar económico y parece que aquí se pretende recorrer el camino inverso.

Si uno analiza los bienes y servicios que son comercializables internacionalmente, encontrará que son la mayor parte de los que componen la canasta familiar básica.
Por lo tanto, a menos que se discrimine entre los distintos tipos de productos, un aumento de sus aranceles implicará que las clases de bajos ingresos, al aumentar los precios de lo que compran, subsidien a los empresarios que producen los productos que ellos consumen.

Dado que existe una restricción de ingreso de los consumidores, el que tenga que asignar más a pagar los productos importables hará que reduzca la demanda de esos bienes y de otros bienes y servicios. Los productores de los bienes privilegiados por el arancel aumentarán sus ventas; ya que desplazarán a los importados y éstos sufrirán, también, la caída del consumo. Sin embargo, los productores de los restantes bienes y servicios verán caer su demanda.

Reducción

Lo interesante es que los productos importables que aumentarán sus ventas son, casi todos, capital intensivo. Es decir, usan mayor proporción de capital que de mano de obra. En tanto, los servicios, que verán reducirse su demanda, son mano de obra intensiva, es decir, usan más trabajo que capital. Por lo tanto, no está claro que este tipo de medidas proteccionistas fomenten el empleo, lo más probable es que lo reduzcan. Lo único que incrementa seguro son las ganancias de los empresarios beneficiados.

Por otro lado, lo que determina el bienestar económico de un país es su eficiencia. Por ello, es importante que el escaso capital con el que contamos se dirija allí donde dé los mayores rendimientos, es decir, sea más eficiente y se multiplique más rápido. Cuando el gobierno pone aranceles, incentiva la inversión en sectores en los cuales la productividad es baja y el rendimiento es alto debido al subsidio que éste implica. Sin embargo, si se le quita este beneficio artificial que es una mera transferencia de ingresos de los consumidores a los empresarios, la ganancia es inferior a la que se obtendría en otros sectores.
Por lo tanto, la eficiencia y la multiplicación del capital que se genera serán menores y, por lo tanto, también lo será la trayectoria presente y futura de empleo, producción y bienestar económico del país.

Por todo lo expuesto anteriormente, la decisión de incrementar los aranceles de importación no parece una idea feliz. Tal vez resulte conveniente que el nuevo equipo económico revisara esta decisión ya que si ésta se pone en marcha, es probable que no se fomente la creación de empleo y se perjudique a las clases de más bajos ingresos.

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