U na rueda totalmente distinta de la anterior, pero con un resultado similar. Lo malo es que así computamos tres sesiones seguidas de baja para el promedio industrial, merced a 0,15% que perdió en la víspera cuando cerró en 10.048,23 puntos. Otro que también parece estar enhebrando un collar de malas nuevas es el precio de la gasolina, que por segunda vez consecutiva cerró rompiendo todos los máximos históricos (a pesar del descenso del crudo). Frente a esto podría pensarse que la baja del precio del oro y la suba del dólar frente a las principales monedas son una muy buena señal. Lamentablemente, en el primer caso apenas estamos frente a una merma luego de ocho subas consecutivas, influenciada a su vez por la suba del billete verde. Claro que éste no recuperó terreno por las bondades de la economía norteamericana, sino por lo que para muchos es un inminente recorte de tasas por el Banco Central Europeo, rumor alimentado por las declaraciones de Jean Claude Trichet, el Alan Greenspan europeo. Esta mezcla casi explosiva, de un dólar y tasas europeas apuntando a la suba, golpeó a su vez a los treasuries, cuya tasa quedó hacia arriba, reflejando que será difícil que el Banco de Japón repita las compras del mes pasado, cuando se quedó con 43% de las nuevas emisiones (si el dólar sube por sí solo, no le hará falta intervenir). Y ya que estamos hablando del máximo banquero del mundo, algunos de sus adláteres en la Fed comenzaron a advertir ayer sobre los "peligros de mantener por demasiado tiempo las tasas demasiado bajas". Es claro que todavía hay tiempo, pero de a poco parece irse perfilando un nuevo escenario que tal vez sea más duro que lo que muchos imaginan.
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